CUADERNOS DE TZADE

Cosas que me pasan, cosas que pienso, cosas que digo y cosas que callo

05 agosto 2005

Historias del tren

Es como si estuviera condenada a vivir comienzos de historias que no llevan a ninguna parte. Me compro los pasajes hacia el paraíso y una vez en el aeropuerto me vienen con la coña del overbooking o algo así. Estoy viviendo mi duelo de una forma muy peculiar: cual viuda alegre comienzo historias y "me enamoro" y "desenamoro" con una rapidez espectacular. No sé qué estoy haciendo, no me paro a pensarlo. Pero sé que estoy confusa. Juanjo sigue siendo el mejor amante que he tenido jamás. No conozco otro hombre que me aguante el ritmo como él y que me de tanta tregua y tanto campo abierto. En el sexo, podemos hacer el amor durante horas, parece no agotarse nunca (bueno se agota, pero dignamente). Después de estar con él pensé que no podría estar con nadie más, pues cualquier otra cosa se le iba a quedar corta. Aun así, doce días sin sexo fueron para mí tan tortuosos que finalmente cedí a la locura con un auténtico desconocido. Mi error: permitir segundos encuentros.
Creo en el amor. He estado enamorada. Y por eso mismo no quiero el amor. No lo quiero. Mi corazón está cubierto por una capa de aceite y todo le resbala.
Hace dos tardes regresaba a casa, iba agotada. Faltaban diez minutos para que saliera el tren. Camino por el andén mirando a la gente. Si veo una pareja discutir, un rostro interesante, un hombre guapo... entro en el mismo vagón. Ayer entré buscando un hombre guapo para sentarme enfrente. Yo llevaba un vestido ceñido de vuelo, negro, sandalias de tacón de aguja, también negras. Me senté junto a y frente a hombres atractivos. Tuve suerte. No se suelen juntar dos bellos rostros en el mismo cuadro de sillas. Luego juego a ponerles nerviosos.
Quedaba un asiento vacío, llegó un tercer varón pidiendo permiso para pasar, ladeé mis caderas y me dio las gracias mirándome a los ojos y zas! ¡qué ojos más bonitos! Le miraba y el muy cabrón me mantenía la mirada; otras personas se cortan y la apartan, pero él no. Cuando levantaba los ojos estaba ahí su mirada, clavada en los míos como un alien maldito. Me intrigó. Traté de distraerme en otras cosas. Llamé al trabajo a ver si habían visto un chal que extravié (un chal de la India precioso de color turquesa, en la misma bolsa que un pintauñas de nácar y un pintalabios que me costaron un pastón, la agenda y una muestra de crema anti-edad que la dependienta de la perfumería tuvo la osadía de regalarme, por poco le parto la boca a la hija de puta. Regalar cremas antiedad... regalame un bronceador zorra). Luego llamé a mi madre, que estaba tontucia y me echaba de menos. Yo sabía que él escuchaba. Incluso crucé con él alguna mirada de complicidad mientras le soltaba algún chiste a mi madre para que se le fuera la pena.
Ambos bajamos en la misma parada, bajamos a la par las escaleras de la estación, como si fuéramos juntos. A la salida me quedé un poco rezagada, tenía curiosidad de saber en qué dirección iba. Me pareció que iba a coger un coche, pero cuando le vi en la acera de enfrente caminar como distraído decidí seguirle. En esto que me llamó un amigo por teléfono, no sé para qué, ya habíamos comido juntos a medio día y le había contado mi vida. Así que paré en la parada del bus y observaba al hombre misterioso de mirada linda que parecía no tener muy claro hacia dónde ir, al igual que yo. Pasó el bus y ninguno de los dos lo tomamos, así que emprendí el camino hacia casa, con pasos largos y lentos, sin prisa pero sin pausa, de vez en cuando perdía de vista al hombre misterioso pero parecíamos seguir el mismo camino, era lógico, pues ambos íbamos hacia el centro. Pasé por la parada de taxis, los taxistas me recordaban de haberme visto pasar delante de ellos por la mañana y tomar el primer taxi de la fila, me preguntaron a dónde fui y se ofrecieron para cuando les necesitara (lógico, el recorrido fue largo). Entonces el hombre misterioso se acercó a mi y me mostró una nota que había escrito en su móvil "te inbito a tomar algo", le dije que sí con la cabeza y comenzamos a caminar juntos mientras yo seguía hablando por teléfono. Una vez colgué me pidió disculpas por haberme seguido, nos presentamos y le dije que "invitar" es con v... eso es repelente, absolutamente, pero tengo una deformación profesional fatal para la ortografía.
La conversación dio para todo: el intelecto, el arte, la sociedad, la cultura, el pasado, la ternura y un poquito de sexo. Acabé comiéndomelo a besos en la puerta de casa; el pobre no durmió, se fue directo para el trabajo.
Ayer me llamó y yo sé que estuve fría. Quise evitarlo, pero me nació así.
Vuelvo a la rutina de todas las noches. Agradezco trabajar hoy viernes. La noche que no trabajo tengo más peligro que Willy Fog con el bonobús.

5 Comments:

  • At 8/06/2005 01:41:00 a. m., Blogger gallardo said…

    Soy tu lector mas fiel.... En fin, esta historia de coqueteo y devaneo mantiene la frescura de todos tus escritos.
    En verdad que eres divertida, no te dejas traicionar, y mantienes tus principios de borrar el dolor con lo inconcluso. O estoy muy equivocado?
    El vértigo es un vicio, en cualquiera de sus formas, y no es que este en contra de los vicios, muy por el contrario, es tan solo una constatación.
    Me gusta cuando la historia se tuerce y nos lleva a nosotros mismos a estar en primera fila como protagonistas.
    Un gran Salud!!!!

     
  • At 8/06/2005 01:41:00 a. m., Blogger gallardo said…

    PD. Cuando duermes????

     
  • At 8/06/2005 11:42:00 a. m., Blogger Tzade said…

    Qué gran pregunta; más o menos dos horas en el trabajo, dos horas a medio día y dos horas de siesta. Pero no hay una pauta formal

     
  • At 2/06/2007 05:52:00 p. m., Anonymous Anónimo said…

    Wonderful and informative web site. I used information from that site its great. » » »

     
  • At 2/15/2007 02:12:00 a. m., Anonymous Anónimo said…

    Best regards from NY! » » »

     

Publicar un comentario

<< Home