CUADERNOS DE TZADE

Cosas que me pasan, cosas que pienso, cosas que digo y cosas que callo

25 julio 2005

Cuando el miedo se olvida de la dignidad

Cuando esa mujer me asaltó en la calle al atardecer yo estaba hablando por teléfono con mi hermano mayor, el pobre se llevó un susto de muerte; YO MÁS.
Yo entraba a trabajar a las nueve de la noche, eran ya las nueve y diez; es evidente que llevaba prisa; aun así tenía que parar en el Sprint para comprar tabaco, porque no aguanto sin tabaco toda la noche. En la puerta suele haber una persona pidiendo limosna, esta vez había dos, un hombre y una mujer. Él suele limitarse a extender la mano y mirar con lastimosidad, a veces pide tímidamente. Siempre le digo que no; como mucho a esta gente le doy algo de tabaco o de comida. A ella no la conocía, creo. Entré deprisa, ella pidió insistentemente y me dijo que me esperaba a la salida para que le diera mi suelto, también negué con la cabeza y con el verbo.
Compré tabaco y cocacola y justo antes de salir, sonó el móvil. Lo cogí pensando que tal vez era mi compañera, preocupada porque yo llegaba tarde, era mi hermano mayor. Así que salí del local con el móvil y los libros en una mano y las bolsas y bolso en la otra y de esta guisa aquella mujer, a la que llamaré Rosa, pues supongo que tendrá un nombre, llamó mi atención exigiendo hablar conmigo a lo que yo me negué. Rosa me cerró el paso y me agarró fuerte por el brazo en un tramo de la calle donde de repente dejó de pasar gente diciéndome que me había pedido muy educadamente dinero para comer a lo que yo le respondí que era cierto y que yo, también educadamente, se lo negaba. Le ofendió mi respuesta, me agarró más fuerte y me levantó la mano y yo enfurecí intentando zafarme de ella sin lograrlo y le exigí que me soltara llamándola imbécil...
Eso no mejoró las cosas y pensé que era el momento de respirar hondo. Comencé a darle mi localización física a mi hermano, aún al móvil y pasándolo fatal por lo que estaba oyendo, me di media vuelta dirigiéndome al Sprint y diciendo, esto lo arreglamos ¿ok?. La mujer percibió mi intención de entrar al local para llamar a la policía y me volvió a cerrar el paso diciéndome que ya me dejaba e insultando. Sin perder la comunicación con mi hermano le pregunté si por fin me dejaba en paz y pareció que sí, y ya me fui aligerando al trabajo, de pronto vuelve a aparecer gente en la calle y llegué temblando como un flan.
Rosa era una mujer de aspecto deplorable, su aliento apestaba y la expresión de sus ojos daba pavor. Y yo me dejé gobernar por el miedo en lugar de la humanidad, y no lo digo por no haberle dado dinero pues me parece que flaco favor le hago, sino por haber perdido el respeto hacia una persona que pese a todo, no ha dejado de serlo.
En medio de una sociedad mil-prisas, hastiada de modelos de lo que debe ser, que alimenta el vacío existencial y desbordada por los "monstruos" que ella misma crea, Rosa me recuerda a otra Rosa y a mí misma tiempo atrás, años atrás, cuando a escondidas de mis padres tomaba comida para compartirla con una mujer de idéntico aspecto, con muchas miserias, a la que ví enjutarse mes a mes hasta que dejó de reconocerme.
Entonces, que en lugar de entrar en misa me sentaba en el portal de la iglesia a charlar con Rosa, que tenía varios hijos, que tenía epilepsia, que era alcohólica y que botaba de relación en relación con hombres que tenían la misma adicción que ella. ¿Qué me iba a enseñar el cura que no me mostrara Rosa?
Me pregunto qué fue de aquella Rosa de Jaén, la del portal de la iglesia de San Roque. Y me pregunto qué fue de Inma, la que iba a todos los ensayos del coro para luego saltarse la misa por charlar con una mujer de aspecto deplorable que apestaba a alcohol.

3 Comments:

  • At 7/26/2005 08:53:00 p. m., Blogger Alejandro said…

    Asi somos.. la madurez, los años, la profesión, el éxito... no roba el alma y nos roba lo que alguna fuimos y quisimos seguir siendo.

     
  • At 7/27/2005 10:58:00 p. m., Blogger gieb said…

    Está bien conservar la dignidad y no pasar a llevar la del resto, pero no puede ser una obligación regalar el dinero, por mucha limosna que parezca. Por ejemplo, yo le doy a los pequeños que piden en las calles, porque ví uan vez que una madre golpeaba a un chico por no obtener dinero de la gente que pasaba. ¿eso es digno?
    Saludos

     
  • At 7/28/2005 12:21:00 a. m., Blogger Tzade said…

    No hablo de dinero. Nunca les doy dinero a estas personas, si acaso comida. Hablo de mi modo de tratarla. De cómo ha cambiado mi forma de comunicarme.

     

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