CUADERNOS DE TZADE

Cosas que me pasan, cosas que pienso, cosas que digo y cosas que callo

29 enero 2010

Un gran corazón


No me definiría como una amante de los animales, la verdad. Me parecen bonitos, estoy en contra de cualquier forma de maltrato animal _aunque no soy vegetariana_ soy anti-toros y anti-abrigos de piel y anti-peleas de gallos. Poco más. No me gusta acariciarlos, ni tenerlos cerca y mucho menos tener un animal en casa. Al menos ya no les tengo fobia. Tiempo atrás mi fobia a los perros era tal que si veía venir a un perro de lejos cruzaba la acera y que no visitaba a ciertos amigos en sus casas si sabía que tenían perro, por pequeño que fuera. Así que cuando mi perro llegó a casa la idea no me gustó nada. No estaba nunca donde estaba él y entraba a la cocina con una toalla en la mano para que jugara con ella y no se me acercara. Una noche mi madre me pidió que dejara dormir a la bola de pelo en mi cuarto, porque "el animalico pasa miedo si está solo" ... pero ¡Es que a mí me daba miedo el animalico!. No obstante, como me daba más pena que miedo, le dejé estar. Cuando abría los ojos y veía la cara del perro (esa carita tan linda que tiene) me daba media vuelta del susto con tal ímpetu que mi cabeza chocaba contra la pared. Pasé una noche horrible. Días después le sacaba a pasear cada día y un día hasta me enfrenté con un cacho perro que quería hacerle daño.
De aquello hace ya once años. Mi hijo le adora y él... respeta a mi hijo.
Hace un par de días el veterinario nos dijo que había que ponerle una inyección letal o mantenerle con vida a sabiendas de que sufre mucho. El problema: su corazón es demasiado grande. Siendo como es, no podía morir por otro motivo. Como mis padres han viajado le tengo en casa y se me deshace el alma cuando le veo llorar y cuando le veo caminar quejoso o estar tumbado y tristón. Aunque tiene momentos en los que parece volver a la vida y se porta como un cachorro.
Le echaré de menos cuando se marche.

27 enero 2010

La fórmula de la felicidad.

Ayer terminé de leer un libro que tenía este título. Su autor, Stefan Klein. He aprendido mucho sobre las bases neurofarmacológicas de las emociones gratas e ingratas y me ha encantado adentrarme en los rincones de la Psiconeuroinmunología y sorprenderme con la lectura de un libro que tenía hace años y que nunca me dio por leer pesnando que se trataba de un manual de autoayuda facilón. También me ha recordado algunos aspectos olvidados sobre diseño experimental y me he sorprendido mucho con los experimentos realizados en torno a las emociones humanas y animales, la replicabilidad de los experimentos, la fiabilidad de sus afirmaciones y me ha sorprendido mucho conocer que se han realizado muchos y muy serios estudios acerca del modo en que nuestro cerebro funciona, los procesos neuroquímicos que nos hacen sentir y, sobre todo, la prueba científica de cómo es posible actuar en bucle y conseguir sentirnos mejor con muy poco. Un día de estos, en mi blog de Psicología Educativa, expondré un resumen serio del libro, con comentarios y con alguna réplica de algún experimento a pequeña escala. Ahí lo dejo, en mi enorme lista de tareas pendientes.
Por lo pronto, he tomado esta mañana la determinación de escribir sobre mi día de ayer centrándome tan solo en los aspectos positivos. Me he sorprendido al comprobar cómo he escrito una docena de eventos felices. No los voy a reescribir aquí pero sí diré que al rememorarlos mi humor se ha transformado milagrosamente y hasta ahora no se me ha borrado la sonrisa de la cara. No sólo ha cambiado la expresión de mi rostro, sino mi modo de trabajar, de hablar y de reflexionar, no sólo sobre mí, sino sobre los otros. He sido capaz de ver el lado positivo de las cosas y me he mostrado mucho más tolerante y transigente que la mayoría de las veces.
A lo largo de la tarde, hablando de una persona a la que considero (entre otras muchas cosas) agresiva e hiriente, me he puesto de un modo casi automático en su lugar y se ha transformado el desprecio en lástima (vale, a nadie nos gusta que nos tengan lástima, pero es mejor que el odio ¿no?)... y luego la lástima en una mera comprensión de persona-circunstancias-acciones...; mi odio se ha disipado. Simplemente, estoy tranquila respecto a ella, en mi convencimiento de que cada cual lleva en el pecado la penitencia y a sabiendas de que a cada cerdo le llega su San Martín, pero dándome exactamente igual lo que le suceda e incluso sintiendo lástima por lo que ya se ve venir.
En fin, lo que venía diciendo es que considero una gran idea reparar cada noche, antes de irse a la cama, en una enumeración de los acontecimientos positivos del día.
De todos los de ayer, destaco aquel momento de la tarde en que mi hijo y yo, tumbados en la cama, nos acariciábamos la cara y charlábamos bajito sobre nuestros planes para el resto de la jornada. Fue uno de esos momentos (por fortuna bastante frecuentes) en los que una siente que tomó las decisiones acertadas, en los que me doy cuenta de que estoy criando un hijo sano y feliz; uno de esos instantes de plenitud que mi hijo me regala varias veces al día. Uno de esos momentos en los que siento que no necesito nada más.
Estoy tranquila. Soy feliz. Siento paz.

19 enero 2010

diez flashes para Shunna

Hacía mucho tiempo que no me leías nada tuyo; como siempre, me he quedado embobada escuchándote, perdida en el fondo y en la forma que das a tus palabras, en el alma con que las perfumas, en la pasión que pones en todo lo que haces y en todo lo que quisieras hacer. Y mis famosos flashes juguetones han venido a hacerme compañía, flashes acumulados para siempre en el fondo de mi memoria desde hace 17 años (???) _eres tú la que lleva la cuenta_.
Me siento orgullosa de tener una amiga como tú; me siento orgullosa de haberte conocido. No tengo una púa de guitarra de Silvio Rodríguez; no tengo un libro dedicado de Matilde Asensi; no tengo la funda cojonera de Michael Jackson. Pero tengo el honor de ser el pañuelo de mocos y la caja de risas de Shunna.
Flash 1: la entreplanta llena de adolescentes fumadores, tu pelo muy corto, tus ojos azules y mis cigarrillos pudriéndose de asco en el cenicero.
Flash 2: un streap pócker en el patio de tu casa y tu madre mirando el espectáculo detrás de las cortinas. Aquel día perdí para siempre mi complejo de tetas.
Flash 3: memorable noche de las dos pavas llorando a hombres en el suelo de la entrada del edificio de la Seguridad Social
Flash 4: Musculitos guapo y superficial junto a amigo bueno, feo y bajito cenando en un burguer sin provisión de condones porque no tenían más pretensión que ir a cenar hamburguesas y no esperaban un chupito de jazmín congelado... por supuesto el feo me quería para él (qué depresión). Tenemos que repetir lo de los chupitos esos.
Flash 5: Pasillo de Magisterio; libros, apuntes y juegos de rol
Flash 6: la próxima vez que decida ver una peli de miedo contigo recuérdame no poner mi cabeza entre tus rodillas. Pasé miedo, pero miedo de verdad.
Flash 7: retiro monacal para guardar silencio en Semana Santa en una fría casa a medio construir a tomar por culo. Mucho silencio no guardamos pero _cosas de la necesidad_ aprendí a encender una chimenea.
Flash 8: Mi novio metiéndote mano delante de mis narices como si una fuera ciega. Lo mejor de todo es que me dio igual.
Flash 9: El pelo azul es bonito siempre que al día siguiente no se ponga verde. Esa fue la única vez en tu vida en la que realmente te has dedicado a poner verdes a todos aquellos en los que te has apoyado.
Flash 10: Eres la persona más íntegra y valiosa que he conocido; te quiero mucho... y ahora no te lo digo por eso de las hormonas.

Lo dicho. De lo mejorcito que me ha pasado en la vida. Muchos llegan y se van, pero tú permaneces.
Deseandito de juerga loca y risas contigo pero por Dios... (Flash 11) no me dejes beber chupitos de menta en el único bar abierto de Córdoba.

05 diciembre 2009

y los sueños, sueños son

A veces recuerdo los acontecimientos vitales más intensos con la impresión de un sueño lejano en el corazón y en el tiempo, como si hubiera sucedido hace siglos, como si no me hubiera pasado a mí. Es algo que me sucede mucho últimamente. La debilidad física que siempre me acompaña, favorece esta impresión de anestesia emocional, de habitar el mundo como si no estuviera en el mismo, y a menudo vivo de oído, forzando lo que se supone que debo sentir en un momento dado, sin sentirlo realmente. A veces no me importa nada. A veces sólo me dejo estar y me importa muy poco lo que me suceda en la hora siguiente. A veces expreso verbalmente mi empeño en vivir para convencerme de que vivir es lo más conveniente; y no es que desee morir; es que la vida, no me importa. A veces lo único que me arde es la búsqueda incesante de arder; la imperiosa necesidad de humanizarme, de sentir intensamente, de sentir el presente como algo auténtico, de acumular vivencias que me hagan renacer cuando todo me aburra y sólo me queden los recuerdos.
Desde hace meses vivo a la espera de una realidad que no llega; un instante real anclado en el pasado y en un futuro que a veces me parece imposible, a veces improbable, pero un futuro a fin de cuentas y me columpio entre esos dos tiempos para dar sentido al presente, que sólo puedo tratar de adivinar, inventar siquiera, especular. Tengo en mis manos una pella de barro, que tornos atrás tomaba forma y que ahora se debate entre convertirse en algo hermoso o endurecerse para siempre.
¿Qué sentido tiene todo esto? Si yo me lo guiso y yo me lo como, si las manos que esperas te den forma cruzan sus dedos esperando una forma que ha de crearse a sí misma, si una misma ha de convertirse en algo bello para los ojos de alguien que no sabes si estará ahí para mirar... ¿Quién me protegerá de mí misma cuando me venza el ansia de acabarme? ¿Quién me alzará cuando me falten las fuerzas? ¿Quién estará a mi lado cuando mis rodillas toquen el suelo? ¿Quién tomará mi corazón en sus manos cuando esté a punto de dejarlo caer?

02 diciembre 2009

Quiero...

...que al quiero y no puedo le gane el puedo ... aunque no quiera; que el equipaje no pese demasiado cuando me marche; que se me olvide contar los minutos mientras espero; que lo imposible se vaya lejos; que los temores mueran de miedo y que tu olor nunca se me olvide.
Quiero lazos sin nudos, dar sin orgullo besos sin labios; que nunca sepa cómo ni cuándo vino la risa para quedarse a vivir en mi pecho; que no se me pase esta manía nueva mía de sentir intensamente todo lo que me pasa, aunque duela a veces; que la verdad sea siempre clara... y la mentira también; que se me llenen los ojos de vida todos los días al menos, una vez; que se me curen las heridas que se abren solas de vez en cuando; que no se me pierda esta niña mía que se entusiasma con todo lo que mira, que desordena todo lo que toca, que se le olvida todo lo que duele y que ama siempre como el primer día.

24 noviembre 2009

La falsa euforia que me gobernó ayer y que tanto gocé y tanto gozaron otros me abandonó tan pronto como me fui a dormir. Prolongué ese instante tanto como pude volcándome en mi trabajo pero lo cierto es que tampoco pude trabajar mucho en todo el día. El trabajo se me ha acumulado de un modo salvaje y no creo que pueda ponerme al día antes de que llegue el fin de semana. Las uñas con el esmalte desgastado son un signo más del descuido en el que he ido dejándome mecer los últimos días y... esta mañana he tardado más de media hora en poder vestirme. Iba metiendo en una bolsa todo lo que me quedaba enorme. Hasta la talla 38 me queda enorme y no tengo nada de la talla 36. Mis manos están llenas de heridas por las autolesiones y todo me roza, me molesta y me duele. En pocos días he vuelto a perder el peso que había recuperado y más y actualmente peso 47 kgs. En honor a la falta de tiempo no he pedido aún cita con el médico para ver los resultados de los últimos análisis y no consigo recuperar ese tiempo. Juego con mi hijo al escondite y agazapada trato de controlar el temblor de manos. De madrugada mi hijo me busca, se acuesta a mi lado y me abraza y me acaricia recordándome que, aunque sea por él no puedo seguir así. Olvido comer, si mi madre no me llega a llamar anoche hubiera olvidado cenar. El dolor muscular sigue siendo intenso y la fiebre persiste pero me he acostumbrado a ellos. Mi mirada se pierde a veces y pierdo el hilo de las conversaciones. Todo lo que como me sienta mal y lo vomito o lo cago y lo que me pasa con la comida lo hago extensivo al resto de mi vida... todo parece sentarme mal, todo me resbala, todo parece hacerme daño.
Me viene a la mente el recuerdo de Susana cuando me decía "aprende a pedir ayuda", "acepta la ayuda" "pide ayuda"...
Me voy a la playa el fin de semana, aunque deba llevarme el ordenador y trabajar a ratos... me lo llevo pero me voy. Necesito aire, necesito sol, necesito playa.
A veces pienso que no llegaré al fin de semana, pero sé que es una sensación tan falsa como la euforia de ayer.
Viene a mi mente martita, cuando decia estar bien y no lo estaba y de un día para otro decidió irse y se fue, sin más. Y se acabó todo de repente. Entonces pienso en mi hijo; ella tenía un hijo y no le importó... ¿Llegaré a ese punto? A veces me doy miedo. A veces pienso que ni eso será suficiente. A veces pienso que no puedo más.
No llores, Ada, no llores.

21 noviembre 2009

Paradoja

"Nunca permitas que nadie te haga sentir que no mereces lo que quieres".
Curiosamente, qué paradoja, la mujer de la que leí esta frase me ha hecho sentir exactamente eso... que no merezco lo que quiero. Puede ser también que haya sufrido demasiado por creer que no merezco lo que quiero cuando en realidad es muy posible que hasta hoy aún no me he atrevido a desear lo que realmente merezco.
Me siento terriblemente decepcionada. Al principio sólo conmigo misma. Ahora la onda expansiva se extiende, gracias a Dios, y reparto un poco las culpas.
Me decepcionan tantas cosas de tanta gente hoy... que son casi las seis de la mañana y no he podido dormir... pero por fin todo ha terminado... Gracias a Dios y, paradógicamente, lo que yo deseaba no era lo mejor. Paradójicamente perdiendo he salido ganando. Pero no consigo liberarme de la sensación de pérdida de tiempo, dinero y esfuerzo, de la sensación de estupidez, de las ganas de darle golpes a las paredes, del asco, de haber perdido cierta inocencia. Esta angustia es tan grande. Me duele. Me duele intensamente. Odio. Asco. Hartura... y si soy sincera, cierto alivio.
Estoy muy decepcionada, en muchísimos sentidos. Se me ha caído de un golpe todo el respeto que me inspiraban hace unas horas. Y yo me he caído también. Y en el suelo veo hecho añicos el respeto a mí misma, que dejé caer por puro descuido o exceso de confianza, pensando que alguien lo guardaría respetuosamente en sus manos.
Necesito dormir al menos una hora... me va a dar algo de no dormir, llevo varias noches sin pegar ojo y necesito descansar por Dios que lo necesito. Voy a enloquecer.

18 noviembre 2009

El abogado

Tomaba unas cervezas con un compañero de trabajo, yo estaba de espaldas a la puerta y no la vi llegar... no hubiera reparado en su presencia si no hubiera escuchado su voz. Con un tono cargado de velado reproche, súplica y encanto preguntó si no servían tapa con la cerveza. Luego se sentó y cambié de posición para verla. Estaba muy entretenida con una especie de crucigrama y no parecía levantar la vista; sólo lo hizo cuando el camarero anunció que su tapa estaba lista; la tomó en sus manos y se dirigió a la mesa... era una mujer muy delgada, vestía con cierto descuido y su atuendo dejaba caer la manga de la chaqueta y el hombro desnudo. Hubiera jurado que esa mujer comía como un pajarito por su aspecto pero esa mujer sólo tenía ojos para el crucigrama y boca para los calamares.
Devoró el plato en cuestión de segundos y cuando acabó, como si los calamares estuvieran contaminados de cafeína, se empezó a revolver en el asiento; sacaba cosas de una mochila naranja, muy de niña de instituto, que contrastaba con su expresión seria, sus gafitas y coleta. Era una niña disfrazada de persona mayor, o eso me pareció. De nuevo volvió a la barra; esperaba nerviosa mirando a un lado y a otro buscando al camarero. Pidió autorización para usar la máquina de tabaco y lo abrió camino a la barra. Entonces pidió fuego al camarero y yo me ofrecí a dárselo. La escusa de dar o pedir fuego es la mejor que conozco para entablar conversación. Mientras buscaba el mechero por todas partes la niña vestida de persona mayor reparó en el libro que yo había dejado sobre la barra. Tocó tímidamente el libro y me preguntó _¿qué tal es? ... lo último que esperaba es que una mujer intentara ligarme hablando de literatura, me quedé callado... _"el libro, digo" ... inicié la respuesta balbuceando... esperaba que la niña continuara la conversación, se presentara, me dijera su nombre, me diera dos besos... le di fuego, me dio las gracias y volvió a su asiento. Si no actuaba deprisa esa mujer volvería a sus crucigramas y no habría modo de rescatarla, así que me acerqué a ella, le sugerí que leyera el primer capítulo si sentía curiosidad y fue entonces cuando por primera vez me miró a los ojos y sonrió agradecida, con una sonrisa ancha, como si hubiera recibido un regalo.
Leyó con rapidez, como si el libro le quemara en las manos. Cerró el libro y esperó con él en la mano, mirándome sin decir nada hasta que la miré de nuevo. Entonces me acerqué a ella y le empecé a contar por qué me gustaba, aprovechando para darle algunos datos sobre mí, especialmente los que más interesan... "es abogado, como yo, está divorciado, como yo", ella interrumpió: "y por primera vez en su vida va a defender a alguien que verdaderamente es inocente". Me quedé helado, no sabía a qué se refería. "he leído también la trama que hay en la pasta del libro" _dijo_ ... "ya sabes del libro más que yo" _respondí sorprendido, ya que yo aún no conocía ese dato_. Me volvió a dar las gracias y miró el reloj. Recogió sus cosas rápidamente y pidió la cuenta en la barra, le dije que ya la había invitado yo y me dio un "gracias" distinto, un "gracias" comprometido, tímido, asustadizo. Luego dijo "que lo disfrutes", refiriéndose al libro y al darse la vuelta tropezó con una silla, la retiró nerviosa y desapareció, sin decir su nombre, sin darme dos besos, sin presentarse, sin volver a mirar... ¿Estará acostumbrada a que los desconocidos le paguen las consumiciones? ¿La he puesto nerviosa? ¿La volveré a ver?

27 octubre 2009

en la cima de la paz

Hace muchos años fui con unos amigos y mi pareja a las Alpujarras a pasar unos días en una cueva. Por entonces yo era una personita muy feliz y mi vida estaba rodeada de magia. Recuerdo que hicimos una pequeña excursión hasta una montaña y que el paisaje era espectacular. Cuando cierro los ojos casi puedo sentir de nuevo el aire sobre mi cara y creo recordar que me dormí sobre una piedra plana inmensa.
Hoy, en una de mis visualizaciones para mantener la calma, he recordado aquel momento. Algunas de las personas que compartieron mi vida en aquel momento ya no están y el resto están lejos, pero siguen estando de un modo u otro en mi corazón.
Por aquel entonces recuerdo que a veces solía hablar con gran paz y sabiduría y cuando eso sucedía no era yo.
Recuerdo que albergaba una gran riqueza interior y que incluso podría decirse que era una buena persona.
He cambiado mucho desde entonces.
Ya no tengo tan presentes los sentimientos de los otros, me alejé de la magia y de las palabras sabias y hace mucho que no me tumbo sobre una piedra para sentir el poder de la Tierra bajo el calor del Cielo, con la brisa en mi rostro y el fuego del amor impregnándome de parte a parte. Ya no doy abrazos de gratis y ya no es tan fácil abrazarme. Ya no pienso que todo es posible y ya no me caminan niñas de puntillas haciéndome cosquillas en el alma.
Ya no desde hace mucho tiempo.
Pero estos últimos días me han liberado tanto que hoy, más tranquila, vuelvo a esbozar una sonrisa y siento que estoy cambiando de nuevo, que estoy girando mi frente para mirar al Sol. Y me está pareciendo que tal vez no había perdido todo aquello, sólo que lo enterré en el dolor y elegí ser desgraciada por una temporada, tal vez demasiado larga. Y hoy escarbo en la arena para recuperar lo que fui, o al menos una parte y ... quién sabe, tal vez no perdí tanto y sigo siendo la misma después de todo.
Bendigo los brazos que me están rescatando de mi encierro y me están devolviendo la humanidad.
He crecido más en los últimos meses que en los últimos años.
Gracias

26 octubre 2009

Eso lo explica todo

Hace ya una semana que no duermo con mi hijo. Desde el lunes cuando se me diagnosticó un "cuadro viral" que el martes evolucionó a "una gripe, posiblemente la nueva gripe" y que el jueves derivó en una baja con "reposo absoluto". Hasta el viernes a medio día tuve la compañía de mi nueva compañera de piso. No era mucho puesto que para no contagiarla evité el contacto y el espacio en común pero oír y ver a otra persona en casa aunque no tuviera el más mínimo vínculo afectivo con ella, aumentó la frecuencia de mis sonrisas y mi sensación de bienestar, al punto de que el viernes me sentía mucho mejor después de haber compartido el jueves con ella una larga charla y unas pocas risas.
Desde que me quedé totalmente sola el viernes a medio día hasta hoy, tanto mi salud como mi estado de ánimo, juntitos de la mano, han ido cayendo en picado. Lo más mínimo era capaz de disparar en mí las reacciones más negativas y era sencillísimo que me brotaran las lágrimas ante el menor gesto de desagravio, aunque fuera vía chat, prácticamente el único contacto humano que he tenido en los últimos días aparte del teléfono. Sentir por un instante que alguien se preocupaba por mi salud me hacía sentir automáticamente mucho mejor. Los gestos de desagrado o indiferencia me hundían en un pozo sin fondo, aunque vinieran de parte de una persona que por su enfermedad está también condenada a permanecer en casa la mayor parte del tiempo, pasar muchas horas sola y centrarse en un mundo pequeño y reducido donde, como me ha sucedido a mí en la última semana, todo se magnifica.
La soledad pesa mucho, tanto a niveles emocionales como físicos. Aún siendo una persona solitaria que se jacta de sentirse a gusto en soledad, el aislamiento forzoso al que me he visto sometida me ha convertido en un ser irascible, nervioso, depresivo y egocéntrico que pasa el día llorando por los rincones dando vueltas a eventos que sucedieron incluso hace años y me las he visto hasta hablando sola con los espejos soltándoles broncas monumentales, expresando lo que llevaba dentro y que sería incapaz de expresar cara a cara por este temor mío tan constante de hacer daño al otro, pese a que por lo visto, al otro le importa una puta mierda si me hace daño o no cuando decide soltar la mierda que lleva dentro. No puedo deshacerme hoy de esta sensación de cagadero emocional.
La soledad pesa mucho, pesa demasiado. No he tenido más remedio que apañarme estos días sin el calor humano y tengo la sensación de estar girando en torno a varios círculos viciosos de los que me resulta imposible salir.
Últimamente estoy tratando de abrirme más y ser más justa conmigo y con las personas que me aprecian de veras. En este proceso de apertura, cuando expreso libremente mis pensamientos o emociones, resulta sencillo que sean malinterpretados, en consecuencia provoco malestar y el disparo del otro en plena cara (porque, como he dicho, también vivo la sensación de que al otro le importa un carajo lo que me haga sentir), con lo cual me siento mal, mido mis palabras para evitar nuevos disparos y me vuelvo a cerrar, cuando me cierro no expreso mis emociones y el otro no me entiende, como el otro no me entiende a la mínima se ofende y dispara y yo me cierro más....
Otro círculo es el círuclo químico. La psiconeuroinmunología explica cómo el cortisol y otros glucocorticoides deprimen la actividad del sistema inmunitario en condiciones de estrés. El estrés deprime el sistema inmune entorpeciendo la mejoría; la enfermedad nos vuelve vulnerables, aumenta las sensaciones de impotencia y las emociones negativas aumentando el estrés y el aumento de estrés sigue deprimiendo el sistema inmune.
La naturaleza no es que nos invite a estar acompañados sino que nos empuja a hacerlo. El instinto de socialización se encuentra arraigado en los circuitos más primitivos de nuestro cerebro. Los adultos preferimos disimular el desagrado que sentimos cuando estamos solos, pero el desasosiego, la sensación de vacío, la tensión muscular, el insomnio, la pérdida de apetito y las dudas sobre el sentido de la vida y el sentido de uno mismo en ella convierten la vida a solas en un auténtico suplicio. La falta de contacto humano provoca la secreción de cortisol, responsable de muchos efectos secundarios perjudiciales del estrés.
Comprender al menos a niveles químicos y de sentido común lo que me está sucediendo y sobre todo intentar comprender al mismo nivel lo que le sucede a las personas que me rodean me ayuda a verlo todo más claramente y disipar, al menos a ratos, los negros nubarrones que me llevan lloviendo encima toda la semana. No obstante, como mis circunstancias de momento no han cambiado, no consigo sentirme bien del todo.
Respiro hondo, fuerzo la sonrisa y alzo la frente como dice el Maestro y, no obstante, me sigue gobernando la incertidumbre y el temor al abandono y sobre todo la sensación de impotencia porque soy consciente de que tal vez no todo depende de mí... pero eso lo explica otro proceso que se llama "indefensión aprendida" que provoca la depresión mediante un mecanismo cognitivo por el que sientes que hagas lo que hagas, digas lo que digas, nada cambiará o las cosas irán a peor sin que puedas evitarlo.
La ciencia lo explica todo.
El dolor físico sigue siendo intenso. El dolor moral al menos parece calmarse a ratos.
Respiro hondo de nuevo con el convencimiento de que esto forma parte de un aprendizaje y que si no me sirve para reparar las relaciones humanas que ya he estropeado, posiblemente me ayude en un futuro a ser más atenta, a escuchar más las necesidades del otro y a ser mejor persona.
Esta siento que ahora mismo no depende de mí. Me libero, o intento liberarme de la indefensión y el abatimiento. Trato de olvidar esta sed de abrazos, de besos y de "aquí no ha pasado nada". Trato de obviar mi acusado sentido de la justicia, por el que algo dentro de mí grita y patalea exigiendo una disculpa. Y pienso que, tarde o temprano, como me digo siempre, "esto también pasará".
Pero ahora mismo, ahorita mismo, tengo el corazón hecho añicos.