CUADERNOS DE TZADE

Cosas que me pasan, cosas que pienso, cosas que digo y cosas que callo

12 octubre 2008

Nuevas lecciones

De nuevo la vida vuelve a sorprenderme y a enfrentarme con antiguos desencuentros y contra mis propios prejuicios. He tenido la suerte de encontrarme junto a un equipo de profesionales muy humanos, muy válidos, muy pacientes y muy capaces y la inmensa suerte de tener a mi cargo a cincuenta personas y bajo mi supervisión a ciento cincuenta niños, que se dice pronto, dispuestos a mostrarme la faz más humana de la vida.
Cuando era pequeña, tendría unos diez años, tuve un enfrentamiento con el líder del grupo, como suele sucederme desde que tengo uso de razón, una de tantas en las que me he negado a acatar porque sí normas que no iban conmigo. Este chico tenía un hermano con una minusvalía psíquica, no sé cual exactamente. El líder era guapo y su hermano era fuerte, hacían un buen equipo. su hermano no hablaba apenas pero hacía todo lo que le mandaban y esta vez la orden fue "mátala" o algo así. Recuerdo que corrí cuanto pude y que grité muchísimo pero los adultos no hicieron caso porque pensarían que formaba parte de un juego y que yo no corría mucho y que el chico me alcanzó, me tiró al suelo, se subió a mí y me dio puñetazos hasta que se cansó. Puede que no me hiciera demasiado daño porque no me rompió ningún hueso y no me quedaron más que unos cuantos moratones. Yo era una niña flaca con mucho nervio y la lengua muy suelta y era relativamente frecuente que me llevara palizas por decir lo que nadie quería oír... Durante mucho tiempo sentí un rechazo visceral hacia las personas de "razón mermada", porque está claro que por la fuerza física no podía hacer mucho más que clavar las uñas, que procuraba llevar siempre largas por si acaso.
Viene a mi memoria aquella situación, la indefensión que sentí, la humillación que sentía al ver como aquel chico me azuzó a su hermano como si de un perro se tratara, el miedo que pasé, las voces de los otros niños animando al chico a pegarme más y más fuerte, el corte de mangas que di con tanta saña que hasta me hice daño en el brazo y cómo me fui a casa sin llorar, el orgullo ante todo...
No creo que yo mereciera aquella paliza, por más que haya quien se empeñe en decir que cada uno recibe lo que da, y siempre he sabido que los demás minusválidos que he conocido no merecían mi rechazo, aunque visceralmente les he temido durante años.
Ahora soy responsable de 150 de esos niños, a los que veo cada día. Algunos me reciben a besos y a abrazos, otros no parecen percibir nada de lo que sucede a su alrededor y algunos de ellos podrían volverse agresivos en un momento dado. Todos y cada uno de los monitores que tengo a mi cargo demuestran con ellos una paciencia infinita; ni uno solo se conforma con el mínimo requerido y todos dan lo más y lo mejor de sí mismos para que los niños que hay a su cargo disfruten de la mayor calidad de vida posible, sean lo más autónomos posible y lo más felices posible. Hace más de un mes que cada día de trabajo es una lección aprendida, o dos o tres...
Sigo siendo terriblemente intolerante ante los ataques contra mi persona, intencionados o no; pero ya no temo a las personas que no saben razonar tanto como a las personas que presumen ser razonables, que se las dan de inteligentes, que piensan que sólo hay una forma de ser agresivo o de ser grosero. Se puede ser grosero de mil maneras, se puede ser agresivo de mil maneras y se puede ser irracional de muchos modos.
La vida por un lado me ha vuelto tolerante hacia un submundo que en el ejercicio de mi profesión ni me había planteado mirar cara a cara y por otro me ha hecho crecer las uñas muy especialmente ante quienes tuvieron un día mi confianza sin merecerla, o ante quienes me dañaron sin motivo aparente, porque sí, por aburrimiento, por envidia o porque tal vez dije algo demasiado inteligente como para que pudieran responderme. Ahora estoy en una situación privilegiada y podría suceder que una de esas personas dependiera de mí para obtener un trabajo, de hecho ya ha sucedido. Ni por un instante se me ha ocurrido decirle a esas personas "cada uno recibe lo que da", o "cada uno recoge lo que siembra", creo que en determinados contextos son frases mucho más ofensivas que "vete a tomar por el culo hijo de la gran puta", algo que tampoco he dicho, para ser una mujer tan "grosera" como se expone en un comentario que, por supuesto, no voy a publicar.
Hay tantas maneras de herir a las personas que creo que no conozco a nadie que jamás haya herido a alguien que quiere, o que, simplemente, no merece ser herido.
Cuando era niña, alguna vez arañé sin quererlo. No me avergüenzo del animal que llevo dentro y se defiende, si bien he suprimido mi último comentario porque ha ofendido a alguien que nunca ha tenido reparos en ofender; no ha golpeado, no ha dicho palabrotas, no ha arañado... pero ha ofendido. Y a pesar de que no lo merece, porque no es verdad que cada uno recibe lo que da, queda borrado.
La tolerancia es un ejercicio cansino a veces. Cuesta distinguir en ocasiones cuándo estás siendo tolerante o cuándo, simplemente, estás siendo idiota.
Soy tolerante con la gente a la que quiero, me muestro tolerante ante la primera, la segunda y la tercera ofensa... soy tolerante con las personas que trabajan conmigo y a veces soy tolerante con las personas que nunca me han importado y con las que ya no me importan. Perdonen que no me corte las uñas, aunque no sepa tocar la guitarra. Pero más que aprender a ser tolerante, creo que debo aprender a distinguir una pata de cordero de una pata de lobo rebozada en harina.
Por fortuna, paso la mayor parte de mi tiempo rodeada de gente inocente. Por desgracia, creo que tiendo a confundir las patas de cabrito con patas de lobo cabrón, todo lo contrario que hace unos años.
Confío en que no pasará mucho tiempo o no será muy difícil recuperar el sentido del humor. El otoño y el estrés son muy malos.

3 Comments:

  • At 10/12/2008 06:24:00 a. m., Blogger Avasallado said…

    Es sorprendente tu capacidad de autocomplacencia...

    No te quedes con la primera impresión de lo que he escrito, ahonda más, dale otra vuelta de tuerca. Y ten presente el cariño que, desde hace años, te tengo.

     
  • At 10/16/2008 04:41:00 p. m., Anonymous Gabriel said…

    "Para quien tiene miedo, todo son ruidos."

    Sófocles

    Besos,
    Gabriel

     
  • At 10/16/2008 09:47:00 p. m., Blogger Tzade said…

    Gabriel, el problema es que no soy tan inteligente como para saber siempre qué intención hay en tus palabras, o tal vez soy demasiado suspicaz, terriblemente egocéntrica, o demasiado torpe en las relaciones humanas, como queda de sobra plasmado en este blog. Lo cierto es que a veces me da la sensación de que te alegras cuando no me va bien. Pero tú sabes que a menudo me he sentido herida por tus palabras y también sabes que a veces esa era la intención. No te ofendas si a veces no confío en tí, porque no es algo que una pueda controlar.
    Lo cierto es que, hoy por hoy, no sé de qué vas y no consigo discernir qué hay detrás de lo que dices. Me he vuelto una mujer terriblemente torpe.
    Siempre que te muestro un cardenal, vas a poner el dedo a ver si duele.

     

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