CUADERNOS DE TZADE

Cosas que me pasan, cosas que pienso, cosas que digo y cosas que callo

03 noviembre 2008

La maté porque era mía

No sólo me ha sucedido a mí. He visto como muchas mujeres, muy inteligentes, muy independientes y muy válidas han tolerado excesos machistas por parte de sus parejas, a menudo sin darse cuenta, aceptando esa relación de superioridad masculina de un modo natural. Son muchos los años que pesan sobre nuestras conciencias, nuestro modo de pensamiento y acción y a menudo actuamos tolerando un sistema que rechazamos, como si lleváramos en los genes la impronta de las mujeres que nos precedieron.
A estas alturas del año van ya 56 mujeres... y no creo que pare. Las muertes violentas son escandalosas, más hoy en día, todo el mundo se entera. De las pequeñas muertes de la voluntad y la autoestima, de la muerte del amor para dar paso al miedo, de la muerte de la calma... se habla poco. El hombre sigue alzando la mano y la mujer sigue agachando la cabeza.
Conozco a hombres que se indignan ante noticias de este calibre, que defenderían a una mujer en apuros en un momento dado y que rechazan de lleno ese modo humano de amar, o de llamar amor a algo que no lo es. Esos hombres casados encelados de una mujer a la que desean y nunca tendrán; esos hombres que buscan la dependencia de ella hacia él y la aislan, a poquito, del resto del mundo hasta dejarlas solas y vacías frente a ellos, para que dejarles bien claro quién manda, o simplemente para que se den cuenta de que si ellos no las aman nadie lo hará; esos hombres que juegan a proteger a la mujer como si no supiera cuidar de sí misma... esos hombres buenos que cuidan a su mujer sumisa, obediente y callada y se divierten con la zorra de turno mientras la cena se enfría en la mesa. Esos hombres tan buenos, con fama de buenos hasta que la mujer se alza o simplemente un día no se comporta como es debido.
40.000 mujeres, sólo en España, tienen ya medidas de protección.
Me da por pensar que hay muchos modos de ponerse un burka.
Mi madre me contaba entre risas, creo que lo he contado alguna vez, que la mujer del cabrero llegaba llorando a mi casa cuando era la casa de mi bisabuela, llena de moratones día tras día. Mi bisabuela le dio el consejo más sabio que se podía dar en aquellos tiempos: "cada vez que tu marido te dé una paliza, vas y te comes una loncha de jamón del bueno"; la mujer sobrevivió al marido y supongo que tuvo que guardarle luto durante varios años, vestidita de negro en verano y en invierno. El resultado que me cuenta mi madre es algo así como.... "¡Y no veas lo hermosa que se puso!"
Que yo sepa mi abuela nunca le dijo nada al cabrero, ni creo que le dijera nada nadie. Yo sé que mi abuela se peleaba con el piconero para que no golpeara al burro. Que los carreteros golpeen al animal es mala cosa; que el marido pegue a la mujer es... ¿mala suerte?
40000 mujeres, que sepamos, aguardan muertas de miedo a que algo cambie. Y el gobierno y la opinión pública se debaten sobre si procede o no procede incluír la palabra "miembras" en el senado y otras tantas barbaridades en la lengua española, como si darle patadas al diccionario fuera lo mismo que dar patadas en los huevos a los machistas.
Si la menda fuera menos tiquismiquis para arrebatos machistas como celotipias varias, decir (no sugerir) lo que te tienes que poner; no aceptar la insatisfacción sexual sistemáticamente aunque tu pareja sea un desastre total, sólo porque está muy feo haber estado con muchos hombres; exigir una relación de igual a igual, no tolerar ni la bienintencionada superioridad de quien pretende protegerte del mundo y de tí misma, haciendo ver que te protege "a tí", cuando en realidad te protege "para sí"... no estaría condenada a la soledad por el resto de mi vida. Aunque, visto lo visto y vivido lo vivido, no creo que la soledad sea precisamente una condena, más bien una bendición mal apreciada.
En esta provincia y con este panorama esta mujer está sola, entre otras cosas, por estar muy "resabiá" y porque, dicho sea de paso, temor y amor están absolutamente reñidos. Lamentablemente, la lección más grabada que me quedó después de cuatro años de cuasisoledad ha sido la desconfianza ciega. No le echo la culpa a nadie. Son cosas que suceden cuando confías en las personas inapropiadas.
Cuando contemplas tu vida a través del cristal del tiempo ves muchas cosas que antes no veías. Nadie me ha matado, hubo suerte. Pero el fantasma de mi joven ingenua se me aparece a veces para recordarme cuán a menudo me puse el paño en la cara, agaché la cabeza y me merendé el orgullo por algo que confundí con amor.

2 Comments:

  • At 11/03/2008 07:06:00 p. m., Blogger Avasallado said…

    Tzade,

    Los hijosdeputa/hijasdeputo/hijosdeputo/hijasdeputa son.

    Si me tiro en parapente y se me pliega y me mato, no puedo quejarme. Yo lo he escogido.

    Cada quien debe saber con quién y sobre todo en qué condiciones decide convivir o no convivir. Es más, cada uno debe decidir cómo no quiere vivir.

    No se cuántos millones de hombres ven el fútbol, o las olimpiadas o no sé cuantos millones de mujeres ven gran hermano o hacen cola para ver a un grupo de gilipollas cantando en inglés...

    Bien, pues ni veo el fútbol, ni las olimpiadas, ni gran hermano, ni hago colas...

    Porque aunque la gran mayoría de los actos de maltrato sean perpetrados por hombres, la inmensa mayoría de los hombres no son maltratadores.

    Se dan muchos factores para el maltrato, pero la educación y la formación de las personas es la única solución a largo plazo.

    Haz lo que esté en tu mano.

    Ah, y si fueras menos tiquismiquis para todo lo que enumeras... serías gilipollas. Por suerte, eres lo suficiente tiquismiquis.

    Un abrazo

     
  • At 11/04/2008 03:51:00 p. m., Anonymous Anónimo said…

    Creo que hay veces que es inevitable pasar por el mal trago. Al principio toleras porque amas y crees que el otro te ama. Luego, viene el miedo a perder todo aquello en lo que has invertido tanto tiempo, tanto amor y tantas lágrimas.
    Finalmente, el momento de la decisión: seguir o no. Parece fácil escoger cuando no estás en medio de la vorágine, pero aunque haya tenido muy claro a lo largo de mi vida lo que no quería, llegado punto en que tenía que decidir, no fue sencillo.
    Fueron muchos meses los que tardé en decir basta y me costó un gran esfuerzo.
    La suerte es que tuve fuerzas para salir del hoyo.
    Leer tu blog me ha hecho recordar aquella fase que vivimos tan coordinadas y todas las veces que nos dijimos idiotas mutuamente, sin ser capaces de ver lo que teníamos en nuestra casa.
    Qué putada que sea tan fácil ver lo de los demás y que estemos tan ciegos a lo nuestro.
    Te quiero.

    Shunna.

     

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