CUADERNOS DE TZADE

Cosas que me pasan, cosas que pienso, cosas que digo y cosas que callo

05 marzo 2010

Espíritu práctico y amistad

Todo lo que hacemos en la vida, absolutamente todo, está condicionado por nuestra motivación y por las circunstancias antecedentes, presentes y posibles consecuencias. Al final todo se reduce a la obtención de placer o a la evitación del dolor. Y así es como tomamos todas nuestras decisiones, incluídas la elección de nuestros amigos o su permanencia en nuestra vida. A lo largo de nuestra vida algunas personas llegan a ella y permanecen en ella para siempre, pero lo más común es que se marchen de ella. A veces ocurre sin darnos cuenta: postergamos esa llamada, esa carta, ese encuentro y un día ya casi ni recordamos su rostro o su voz. A veces me pasa que aún recuerdo con claridad la voz de alguien que ha sido importante en mi vida pero su rostro se difumina hasta el punto en que dudo si sería capaz de reconocerle si le viera por la calle o si se cambiara el peinado o su modo de vestir.
Exaltamos la amistad convirtiéndola a veces en una especie de entidad sin vida propia que permanecerá por siempre a nuestro lado pero casi nunca sucede así. A los amigos hay que cuidarlos, como cuidamos todo aquello que realmente apreciamos. El amor, en todas sus formas, amistad incluída, es como un niño que nos dejan en los brazos. Si no lo cuidas, se muere. Sólo resisten al tiempo y la distancia (física y emocional) amistades muy muy firmes y muy bien asentadas.
Con algunas personas me sucede que siento que sigo estando aquí para lo que necesiten, de momento. Pero ya no se me ocurriría llamarles si paso un mal trago y mucho menos para preguntarles por la salud. De ahí a olvidarles o dejar de quererles es un paso que sucederá tarde o temprano.
La mayoría de las personas se marchan de la vida de uno sin dramas, de un modo indoloro. Otras deciden abandonarte por todo lo alto, por medio de la traición, el enfado, la bronca desmedida o, si me apuras, jodiéndote y luego tratándote como si el "jodedor" fueras tú. Por suerte me ha sucedido pocas veces y es una situación siempre muy desconcertante, muy surrealista, muy incómoda y a veces muy traumática. Se te queda una sensación de estupidez como diciendo "¿pero qué acaba de pasar? Que alguien me lo explique porque no lo entiendo"... sí. Son cosas que pasan.
Cuando llevo un tiempo comiéndome el coco a causa de alguien al final siempre acabo en el mismo punto: preguntándome qué me aporta esa persona, qué le aporto yo y si compensa. No creo que me haya vuelto egoísta o interesada. Yo diría que el espíritu práctico también resulta útil en el terreno de las emociones. "Yo te doy, tú me das" y te pongas como te pongas, así es como funciona todo.
Por espíritu práctico; por cuestión de tiempo, dinero, esfuerzo y energías; por salud mental he fijado una fecha (más pronto que tarde) para hacer una limpia de agenda y de agregados a mi dirección de correo. Un día por aquí, otro por allá... voy a irme deshaciendo a poquito de las personas molestas primero, de los eternos ausentes después y finalmente de aquellos contactos que siento que no me aportan nada o casi nada o que en la balanza de buenos y malos momentos salgan perdiendo. Lo mismo que hice con mi despacho y las cosas que lo saturaban; lo mismo que hice con la ropa de los armarios. A veces resulta sano "guardar por si acaso", pero sinceramente, si llenas tu armario con jerseys de pelotillas para andar por casa o por si acaso vuelven a estar de moda, o por si acaso adelgazas o engordas... no quedará sitio para un armani (o para un traje de los chinos que te quede divinamente).
Mi madre me lo dice mucho: "lo que no sirve, se tira a la basura".
Y yo también digo mucho eso de... "entierra al muerto antes de que huela mal".

2 Comments:

  • At 3/05/2010 03:18:00 p. m., Anonymous Anónimo said…

    En esta vida no hacemos nada que no nos reporte un beneficio propio. Ese beneficio puede cambiar dependiendo del caso que se trate; dinero, confortabilidad, autosatisfacción, etc.

    La amistad no es precisamente la excepción que confirma la regla. Si mantenemos una amistad, es porque nos interesa aquello que reporta dicha amistad, ni más ni menos. Ya sea porque el amigo en cuestión nos paga las copas de los viernes o nos otorga con indulgencia una abrazo de consuelo, obtenemos algo de él y por eso, lo mantenemos.

    Estoy de acuerdo contigo en casi todo lo que has dicho, pero al menos me gustaría añadir algo con tu permiso.

    Si bien es cierto que en una amistad se obtienen beneficios, hay ocasiones en las que las personas, aunque parezca mentira, actuamos altruistamente para ayudar a un amigo no sólo cuando no nos produce ninguna recompensa, sino incluso cuando hacerlo nos perjudica. No se trata sólo de amistad o de beneficio mutuo sino de lealtad. Ni siquiera es cuestión de obtener la satisfacción del cumplimiento moral sino el mero hecho de hacer algo por una persona que forma parte de ti como parte de ti es tu brazo, tu pierna o tu corazón.

    Solemos analizar y racionalizar los sentimientos y cuánto más lo hacemos, más nos deshumanizamos, pero no olvidemos que una parte de esos sentimientos no se pueden analizar ni racionalizar y esa parte es la más bella del ser humano y la más bella de la amistad.

    Pero independientemente de eso, si que es cierto que debemos tener ese espíritu práctico del que hablas y quizá ser un poco más selectivos con la gente que queremos cerca de nuestra vida.

    Disculpa la parrafada.

     
  • At 3/05/2010 06:31:00 p. m., Blogger Tzade said…

    Cierto, también pensé en ello al escribir este post. Pero no es menos cierto que si lo hacemos es porque así nos sentimos mejor. Por alguna extraña razón, a veces hacer un poco el gilipollas nos hace sentir como más humanos... y que conste que yo soy de ese grupo de gente extraña que suele ayudar a los demás "sin obtener nada a cambio"

     

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