CUADERNOS DE TZADE

Cosas que me pasan, cosas que pienso, cosas que digo y cosas que callo

03 septiembre 2005

Agonizo

Ayer por la noche había soldados armados en la puerta de la estación. Luego, delante de mí, pasó un furgón con unos cuantos soldados más. Luego entraron otros cuantos. Hoy en el tren vi a seis que iban por el vagón arriba y abajo. La primera vez que vi soldados en Pinto fue el 11- M. También veo a más policías de lo habitual en el metro, sobretodo en determinadas estaciones "superpobladas" como Av. de América o Atocha, estaciones que por desgracia frecuento, como un montón de gente más y que están atestadas de gente. Ahora que estreno horario de "persona normal" y vuelvo a vivir después de varios años la sensación de sardina enlatada que va donde casi todo el mundo en horas punta me siento más frágil. Carne de terrorista, eso es lo que soy. La neura no es gratuíta. Cada vez más siento la necesidad de habitar en un lugar con menos habitantes por kilómetro cuadrado.
Me hace daño librar tal vez un día de cada quince, que aprovecho para limpiar la casa o para dormir a pierna suelta. Este curso he caído enferma más que nunca en los últimos quince años. El estrés y la tristeza se alimentan de las defensas de una, lo he leído en un montón de libros de los que usé para licenciarme y está probado científicamente. Cuando regreso a casa con fuerzas lo que hago es bailar. Pero hoy no las tengo. Lo notaron en el trabajo, dijeron que perdí calidez y dulzura. Tal vez sea cierto.
Hoy también me dijeron, sin embargo, que a pesar de estar enferma y cansada, mi mirada conservaba la frescura y la inocencia de la niñez.
Enmocada, con la mochila al hombro, jornada laboral de doce horas en los párpados y tal vez un poco de fiebre, los hombres me buscan y algunos hasta se atreven a prometerme la luna. Me alegro no haber vuelto directamente a casa después del trabajo y tomar un refresco en un bar aunque solo sea para saber que a pesar de los pesares no pierdo el glamour... sientan bien unos piropos bien dichos y un par de canciones dedicadas por un desconocido (que cantaba de puta madre, dicho sea de paso).
Regresé a casa cansada, con sueño, pero con unos "amigos" más y la promesa de la visita de mi último amante al amanecer... me haré la sorda, creo. No tengo ganas de sexo (Dios mío, debo estar agonizando)

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