CUADERNOS DE TZADE

Cosas que me pasan, cosas que pienso, cosas que digo y cosas que callo

31 octubre 2005

Por favor diosito que sea niña

He llegado empapada desde la estación, arrepentida de haberme calzado tacones altos, le da por llover y yo apurando todos los charcos del mundo con tal de disfrutar de la peli de Alfred Hitchcock (la segunda, la primera ya me la había perdido)... y me encuentro con un avance informativo, ya puede ser gordo lo que está pasando, después de once horas de currele qué menos que gozar del gordo calvo un ratín... pero no, la princesa Letizia, que se casó pasada por agua, escoge también esta noche de lluvia para parir tres meses antes de lo que le tocaba. Por qué una constitución que dicta algo así como "Los españoles son iguales ante la Ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social" (título primero, capítulo segundo, artículo 14), mantiene al mismo tiempo la ley sálica, que impide que reinen las mujeres, es un misterio sin resolver. A mí la monarquía me resbala, aunque he de reconocer que la imagen que dan de nosotros los reyes es mejor que la de cualquier presidente, que no son más feos porque les costaría dinero a los muy hijos de puta, además que deben tomar sus decisiones en el retrete porque no hacen más que cagarla constantemente.
El caso es que somos muchas las que queremos que sea niña y muchos los que nos preguntamos por qué es necesario estar tantos años esperando como agua de mayo la reforma constitucional que solvente tan disparatada e inconstitucional contradicción.
Ya solo quedaría que la monarquía se declarara aconfesional, pero la iglesia manda mucho y para eso tiene que llover más todavía... y menos mal que llueve ahora, que estábamos sequitos y hacía mucha falta.
Ahora, cómo no, larguísimos reportajes que repasan la vida del Príncipe de Asturias desde antes de ser concebido hasta nuestros días, cuando en todas las fotos le saca la cabeza a todos los encorbatados.
Lejos de la realeza, hoy preferí empaparme el pelo antes que mojar mi nueva adquisición: un libro de geografía que no por haberme decepcionado profundamente, deja de tener un formato precioso y haberme costado un dinero. Entaconada y ajena a los dolores de Letizia, navegaba en mis propios dolores sin refugiarme esta vez en el oasis, por temor a no sé qué miradas y ... en fin. Las historias se acaban. Lo mejor es que se acaban porque existen.

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