CUADERNOS DE TZADE

Cosas que me pasan, cosas que pienso, cosas que digo y cosas que callo

08 febrero 2006

Inteligencia emocional / Estupidez visceral

Cuando realizamos algún tipo de tarea cognitiva como leer, escribir, crucigramas... aumenta la actividad cortical. Ciertas actividades, su despempeño, dependen en gran medida de algo que se ha dado en llamar "Inteligencia", si bien la cantidad de definiciones acerca de la misma es tal y tan variada que creer en la existencia de la Inteligencia viene a ser un acto de fe equivalente a creer en Dios.
Cuando nos enfrentamos a problemas, decisiones, dilemas... de la vida cotidiana y muy especialmente aquellos que conllevan una carga emocional, más o menos pesada según qué casos, entra en juego nuestra parte animal, nuestro cerebro profundo, límbico (¿vendrá de ahí la expresión "estar en el limbo"?). Nuestra capacidad para salir victoriosos de esas situaciones depende de un tipo de "Inteligencia" muy de moda en los últimos tiempos: la "Inteligencia emocional".
Ambas están hermanadas y trabajan en equipo mejor o peor coordinadas en función de factores múltiples: biológicos, cognitivos, vivenciales, emocionales o esotéricos.
Sea como fuere, la determinación del éxito/fracaso en la vida tiene mucho que ver con el desempeño de estas dos inteligencias, zonas cerebrales, actividades neurales....
Todos sabemos ya, o al menos lo sospechamos, que el CI, que inicialmente pretendía medir las posibilidades de éxito, tan solo resulta útil para detectar determinadas disfunciones que expliquen un bajo nivel de desempeño en tareas explícitamente cognitivas pero que, a la hora de la verdad, los individuos que escalan más alto no son precisamente unos lumbreras y la medida de su CI no predice en absoluto su rango social ni los millones que tienen en su cuenta de Suecia, ni su colección de Picasos en el chalé de la Sierra. Y si existiera una escala _fiable_ para medir la felicidad (ya que muchos felices no destacan por su nivel de posesiones materiales), veríamos que tanto los millonetis, como los felicetis, como los millonetis felices, tienen su punto de la escala situado en el mismo centro de la curva de Gauss (es decir, son "normales").
Por lo tanto, debe existir un dispositivo intermedio entre ambas hermanas que haga que se den la mano o que se odien profundamente. Lo llamaré DEC (Dispositivo Emoción-Cognición). DEC es un ser caprichoso, revoltoso y voluble que, como por arte de magia puede provocar que una persona con altas capacidades atencionales, intelectivas y motivacionales acabe atado a una botella de vino barato bajo el puente del arroyo o que otra que nunca fue condecorada en el cole y cuya madre no se dio el gusto de enmarcar una sola matrícula en la pared del salón sea dueño de una multinacional o se encuentre en la lista de los cien solteros más listos del mundo. (Véase Forrest Gump, el sueño americano: "hasta el más tonto puede llegar lejos".
Y es por eso por lo que una persona creativa, inteligente, dotada para las letras y los números, reflexiva, con alta capacidad analítica y sintética y un CI cercano a la superdotación puede llegar a darse de bruces contra un gilipollas integral que lleva el cartel de "dañino" escrito en la frente, sin la más mínima capacidad de escucha, con su fracaso personal cargado sobre la chepa y una incipiente calvicie engominada bastante ridícula y, por si fuera poco, con un más que mediocre aparato para fabricar niños (no se habla de tamaño, sino de desempeño) bajo su ridícula falda de cuero y cadenas.
Patético.
Todos nos equivocamos. Puedo afirmar que mis más rotundos errores personales y de negocios han sido a causa de ignorar mi primer impulso, mis primeras impresiones. Esas corazonadas tan poco científicas que creí prejuicios (tal vez lo eran, pero ojalá les hubiera hecho un poco de caso). Fachadas que esconden nidos de ratas, fruto de la necesidad, como apetecibles oasis en mitad de un desierto. Espejismos. Tras su búsqueda, una reacción similar: "Sé que es un espejismo, pero como tengo sed y aquí no hay agua (allí tampoco) voy".
Va a resultar que el dichoso DEC no es más que la apremiante necesidad que arrasa contra toda lógica para nutrirse de un beneficio inmediato con la misma estupidez con la que comeríamos un pastel envenenado para matar el hambre, sabiendo que está envenenado.
Pero de los errores se aprende, eso se dice... también es cierto que somos un animal propenso a tropezar con frecuencia con la misma piedra.

4 Comments:

  • At 2/13/2006 10:18:00 p. m., Blogger gallardo said…

    Otra vez de acuerdo con tu análisis, ser dotado de cualquier especie no es garantía de nada. Saber leer, escribir, y hablar de corrido ( estoy hablando en sentido figurado) no define ninguna clase de éxito.
    Creo que yo nunca aprendí, aunque lo intuí mas de una vez, que el impulso es el verdadero motor de la existencia.
    De ahí que cualquier gilipollas arriesgado consiga el éxito, pero habrá conseguido la felicidad en el intento?

     
  • At 2/15/2006 06:00:00 p. m., Anonymous Anónimo said…

    Hola:
    Como no puedo verte por el mess, te escribo aquí, a ver si por lo menos te llega esto. Te quiero, me quedé esperándote en navidades.
    Te sigo queriendo y voy a dejar el trabajo en cuanto encuentre otra cosa.
    Te echo de menos y he perdido tu maldito teléfono.
    Por favor, llámame y me lo das otra vez.
    De nuevo, te quiero:
    Shunna

     
  • At 2/18/2006 03:46:00 a. m., Anonymous Anónimo said…

    Quería darte lo que nunca has tenido...pero parece que estas muy ocupada con otras actividades...
    Un beso y saludo de año nuevo despues del caribe...donde pensé en ti y mucho...te deseo lo mejor.

     
  • At 2/15/2007 11:03:00 p. m., Anonymous Anónimo said…

    Excellent, love it! » » »

     

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