CUADERNOS DE TZADE

Cosas que me pasan, cosas que pienso, cosas que digo y cosas que callo

02 febrero 2006

No te perdono

Julio me llamó ayer. Creí que nunca más volveríamos a hablar y había borrado su móvil de mi agenda. Me derrumbó. Hoy ha venido a casa. Se ha sentado en el mismo sitio donde lo hizo la primera vez. Esta vez no fue café (lo estoy dejando), para él fue té y para mí una infusión tranquilizante que tomo últimamente. España no le abre los brazos; está pensando en volver a Uruguay. Pidió perdón. Le perdoné, automáticamente, como si se tratara de un acto reflejo. Me pasa siempre. Hay quien piensa que eso me ocurre porque me tengo en baja estima, que si me tuviera en el lugar que me corresponde no perdonaría tan fácilmente. Sin embargo la paz que se siente cuando dices “te perdono” sólo es comparable a la que sientes cuando aceptas tus errores y dices “perdóname”. Da paz. Hoy estuve haciendo memoria tratando de recordar cuándo he dicho “no te perdono” mirando a los ojos a alguien... frente al espejo sí lo he dicho, docenas de veces, ensayando una especie de golpe mortal con la espada del orgullo... pero luego no me nace. Todos hacemos daño sin querer a alguien que queremos de vez en cuando. Al menos a mí se me da de maravilla.
La casa parece más ordenada y está más ordenada. He estado colocando cosas en su sitio, no siempre es fácil decidir en qué sitio pones cada cosa... pero esto ya parece la casa de una persona. Trato de reconciliarme conmigo, con esa parte de mí que desea destruirme.... suena un poco esquizoide, lo sé, pero qué vamos a hacerle. Cuando encuentro a esa parte de mí (no otra yo) al otro lado del espejo y quiero decirle “perdón por todo lo que te he hecho, todo lo que te he negado, todo lo que te he robado” aún me responde “no te perdono”.
Encontré a Esteban en el Van Gogh. Ya no nos decimos “hola”. Tal vez él sepa por qué. Me importa. Pero sólo porque pertenece a ese montón de preguntas que acumulamos a lo largo de nuestro ciclo vital y quedan sin respuesta. No pregunto nada porque sus últimas respuestas no me parecieron sinceras. Odio que me traten como si fuera culpable de algo. Alguien te hace daño y encima el malo eres tú. Me pasa mucho. Malos entendidos. La vida está repleta de ellos. Pero tal vez un día, cuando ya no me importe, pida perdón, como ha hecho hoy Julio, o como hizo él mismo una vez. Algunas veces algunas personas me han pedido perdón cuando yo ya había olvidado la ofensa: lo hizo el cocinero de las Gaunas, casi un año después, por su trato humillante delante de mis compañeros; lo hizo Pepa, años después, por su antipatía basada en una intuición equivocada; lo hizo Jorge por su infidelidad reincidente; don Jorge, por tratar de manipularme; José Manuel por su trato despectivo.
El perdón es necesario para estar en paz, porque el rencor es una carga innecesaria y pesada, que no puede enseñar nada y que a cambio puede entorpecer demasiado.
Hoy me encontré dos veces con dos historias recientes. Perdoné a uno, deseé herir a otro. Y tal vez la diferencia más evidente entre ambos sea tan solo el gesto de reconocer su culpa... que mi orgullo esté a salvo, o no lo esté. Me ruboriza que me pidan perdón y sin embargo no puedo perdonar si no me lo piden. Necesito de ese gesto y es una puñeta, porque no está en mi mano.
Voy a perdonar a mi parte cansada y me voy a ir a dormir. Son más de las dos de la madrugada, sigo domando al sueño. Duermo mejor. Tal vez tengo la conciencia más tranquila.

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