CUADERNOS DE TZADE

Cosas que me pasan, cosas que pienso, cosas que digo y cosas que callo

25 enero 2008

Quedarse más ancha que larga

Siempre he encontrado la brisilla fresca de la mañana muy agradable, a pesar del invierno, las legañas en los ojos, el flequillo rizado... tanto si regreso como si voy; ese café matinal de cafetería recién abierta, el sonido de las calles recién puestas, el choque de las tazas, el olor a café molido y a superlimpio de limón, compañeros de fatiga que comienzan la mañana con carajillo y hasta con cerveza, el aire frío en la cara y el vello erizado debajo y a pesar de la camiseta, jersey, abrigo y chubasquero; el duende de la mañana entrando por la nuca, la agenda recién abierta.
Mi hijo ha tomado por costumbre darme mala noche cuando al día siguiente tengo que madrugar o voy a una cita importante, como si se oliera que voy a abandonarle pronto o creyera que queda segundo en mi lista de preocupaciones y prioridades. Se duerme tarde y una hora después despierta con un llanto angustiado y tembloroso, tarda en dormirse de nuevo y tres horas después se despierta y se asoma a la cuna, jugando y buscando mi atención. Ahora le ha tomado el gusto a los chillidos agudos y cuando me sabe despierta y se nos cruzan las miradas no hay marcha atrás, no para hasta que no le tomo en brazos y le doy un biberón que descolocará sus horarios del todo y por el resto del día. Y cuando al fin duerme de nuevo no tiene sentido que vuelva a dormirme yo, porque entonces, en menos de una hora, mi despertar será lento y pesado o no será y ya me levanto resignada con una hora vacía por delante porque estoy demasiado cansada para ser productiva y demasiado despierta para volverme a dormir. Me visto, me voy y me consuelo con un café de cafetería a medio chapar y entonces se me llena la cabeza de recuerdos molestos y de pensamientos circulares que no merecen existir.
Alguien que ha decidido olvidar mi existencia cuando hacía mucho que yo no era consciente de la suya, decide presentarse de nuevo en mi vida sólo para decirme que ha decidido borrarme de su memoria y de la memoria de un amigo tan querido como olvidado y no puedo menos que preguntarme por qué razón debería gastar neuronas y tiempo con un ser que de pronto se da cuenta de que soy buena gente sólo porque le han hablado bien de mí (a mí me han hablado muy mal de ella) y que se acerca reclamando conocerme aunque ha decidido desconocerme y que aún intentando ser amable resulta extremadamente agresiva en sus modos, en su forma y en su fondo, encantada de no haberme conocido, como si a mí me importara... y luego desaparece sin más dejándome en el estómago una interrogación que ni cago ni vomito.
Lo menos que puedo sentir es una lástima inmensa por la persona que está a su lado y que permite que alguien, por más que le ame, le dicte no ya con quien debe verse y con quien no, sino hasta en quién pensar y quién no, que trata de amarrarle el pensamiento y elegir por él qué recuerdos guardar y qué recuerdos reprimir... que no olvidar, porque nosotros no elegimos el olvido, es algo que llega por si solo y si llega, que nuestra memoria a largo plazo es ilimitada.
Y que no debería importarme, pero tampoco podemos elegir qué nos importa y qué no. No debería importarme pero me importa; que una cosa es simplemente olvidar y otra decidir olvidarse, sin haber dado más motivos que ser, existir y expresar libremente las emociones, con toda la inocencia y mente limpia posible.
Uno de mis problemas más frecuentes consiste en demostrar mi inocencia frente a falsas acusaciones y otro no ser capaz de ignorar la injusticia, contra mí ni contra nadie. Y me molesta y mucho estar de buena mañana dándole vueltas a un asunto que ni me va ni me viene por alguien que no merece de mí ni un segundo, que no debería tener el poder de desconcertarme, herirme ni hablarme siquiera.
Que no quiero que nadie me venga a quebrar la paz, ni me quiero enterar de sus decisiones, ni quiero tener nada que ver ni con ella ni con su amado, así se lo coma y lo siga atando de pies y manos y mente de por vida, que me da igual. Que sólo quiero que me dejen tranquila, los dos y para siempre.
Tengo un amigo con quien tuve una aventura, bella aventura, durante casi un mes. Él fue quien me dejó, consciente antes que yo de que nuestras melodías no casaban en el mismo disco y pronto se enamoró de una mujer, perdidamente. Ella trató de distanciarle de mí, pero él, que realmente era amigo mío, no lo permitió. Nuestra amistad poco o nada tuvo que ver en su ruptura. Su actual novia sabe, comprende y acepta mi existencia e incluso he salido con ellos de copas y dormido en su casa.
También la novia de mi ex miraba con recelo nuestra amistad, pero él, que ciertamente era mi amigo, logró que ella aceptara mi existencia. También he salido con ellos al cine y he dormido en su casa.
Son muchas las personas que no comprenden la continuidad y transformación de una relación de pareja en una bella amistad. Culpa de ello tiene el refrán “donde hubo fuego quedan chispas”, aunque yo tengo otro mejor, que no recuerdo bien pero viene a decir algo así como “el agua del río no pasa dos veces por el mismo lugar”.
Respeto mucho formas de pensar distintas a la mía. Es por eso que doy por hecho que he perdido para siempre a un amigo; pero no porque él haya tomado la decisión de olvidarme sino porque yo no necesito un amigo así. No, gracias.
Y ahora, que ya me he desahogado, sí que soy yo quien decide de una vez y para siempre zanjar este tema esperando que de verdad de la buena, se olviden de mí y me dejen tranquila y dejando dicho, a ambos, que no quiero saber nunca nada más de vosotros y que vuestras deliberaciones sobre mí y decisiones en torno a mi persona queden entre vosotros, que yo prefiero ignorarlas y no siento curiosidad alguna por lo que sea de vuestra vida o vuestra muerte. Ni os deseo bien, ni os deseo mal porque me da exactamente igual, que cada cual se realice o se destroce como pueda, que me preocupa más la explotación infantil, la paz del mundo o la uña del pie de Neruda. Y que también me da igual que estas palabras me conviertan en un monstruo de nuevo porque mi humanidad me obliga a indignarme, a molestarme y a reaccionar lógicamente ante aquellos que me hacen daño. Que os den, a los dos.
Y ahora, sí que me he quedado la mar de a gustito.

2 Comments:

  • At 1/26/2008 02:31:00 a. m., Anonymous Anónimo said…

    ¿Cuando empezarás tu vida?.

    besos

    Alfonso

     
  • At 1/26/2008 10:27:00 a. m., Blogger Tzade said…

    Sé que tu intención es la mejor. Mi vida ya ha empezado, como decía en un post anterior, estoy bien. Todo son nuevos proyectos, nuevas relaciones humanas, un hogar en el que me siento bien y el retorno a los pequeños placeres.
    Eso no quita que cuando alguien me toque las pelotas yo responda, aunque no lo merezca. Para lograr la verdadera paz interior aún me queda un largo camino, pero en él estoy. Responder a las provocaciones forma parte de mis imperfecciones y de mi humanidad.
    Luego, tú que me conoces, ya sabes que más ladro que muerdo pero ayer de mañanita, como al perro de mis padres, me apeteció ladrar un poco.

     

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