CUADERNOS DE TZADE

Cosas que me pasan, cosas que pienso, cosas que digo y cosas que callo

28 abril 2005

L a cebolla es escarcha

Me despertó el canto de los pájaros y las ganas de hacer pis, aguanté en la cama todo lo que pude hasta que creí que iba a reventar. Mi cuerpo sigue necesitando descanso y tengo un intenso dolor que va y viene en la parte baja de la espalda. El dolor se extiende hacia abajo llegando hasta el sexo y al ir al baño me ha molestado bastante. También tengo náuseas y, sobretodo un sueño brutal, un cansancio desmedido teniendo en cuenta que he dormido más de ocho horas. Creo que llevo un ritmo desmedido. Hoy necesito ser mimada.
Aun debo preparar las clases, no estoy fresca y agradezco al menos poder abrir la ventana y respirar de esta brisa tan fresca que el día me regala. He dejado que Miguel Hernández me acaricie esta mañana:

“En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarcha de azúcar,
cebolla y hambre.

U na mujer morena,
resuelta en luna,
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.

Ríete, niño,
que te tragas la luna
cuando es preciso.

Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en los ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que en el alma, al oírte,
bata el espacio.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela
,corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa.
Vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol,
porvenir de mis huesos
y de mi amor.

La carne aleteante,
súbito el párpado,
y el niño como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!

Desperté de ser niño.
Nunca despiertes.
Triste llevo la boca.
Ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.

Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne parece
cielo cernido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!

A l octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.

Vuela niño en la dobleluna del pecho.
Él, triste de cebolla.Tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre."

Dos meses después, el niño a quien iban dirigidos estos versos murió de una afección intestinal.

Siempre he admirado a Miguel Hernández. Me llegó al alma saber que era pastor, que no pudo estudiar y sin embargo, él solito alimentó sus inquietudes literarias para expresar todo lo que pensaba y sentía. De formación autodidacta, se consagró como uno de los mejores poetas que ha pisado la tierra. Sólo tuvo diez años para escribir y lo hizo creando una poesía auténtica, plenamente suya, fruto de un corazón terriblemente humano y una mente privilegiada. Murió en prisión a la edad de 31 años, obligado a casarse por la iglesia con su esposa. Nadie consiguió cerrarle los ojos.
Cuando el mundo me resulta demasiado pesado como para seguir en él, no hay mejor terapia que sentarse a la sombra de los álamos a leer un poco de poesía. Mis ideas no son más claras, pero mi corazón se calma.

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