CUADERNOS DE TZADE

Cosas que me pasan, cosas que pienso, cosas que digo y cosas que callo

10 julio 2005

Los profesores

Siempre he visto en mi vida al profesor como una persona respetable, con muchas cosas que contar, dispuesto a enseñarte "gratuítamente" un montón de cosas. Para muchas mujeres, que un hombre les diga que es médico, arquitecto o ingeniero es razón más que suficiente para que se le dilaten las pupilas y les parezca un hombre conquistable, atractivo e interesante. A mi me pasa algo similar con los profesores. De hecho, cada vez que me reuno con el profesor de uno de mis alumnos me parece el hombre más guapo del mundo y me enciendo como una vela. Me siento más orgullosa de mi faceta de profesora no-titulada que de mi faceta de psicóloga, que tantos años me costó lograr. No estudié Magisterio porque me lo quisieron imponer, pero a menudo pienso que me equivoqué de vocación.
Mi familia era humilde, nunca tratamos de aparentar más de lo que teníamos, sin embargo, había tres enciclopedias en casa y el desván estaba repleto de libros. En casa se leía bastante y yo me leía los libros de mis hermanos, tres y cuatro años mayores que yo, porque los míos no me duraban ni quince días. Mi madre no quería que leyera tanto porque mi tita Pili, que era a mis ojos la mujer más guapa del mundo, tenía problemas de visión y todo el mundo decía que era porque leía demasiado. A pesar de los grandes ventanales que llegaban del suelo al techo, mi casa casi siempre estaba a oscuras a causa de los problemas de visión de mi abuela, que nada tenían que ver con leer, pues era casi analfabeta. Cuando me enteré que las cataratas eran hereditarias y que nada tenían que ver con los libros, decidí leer lo máximo posible antes de que se me gastaran los ojos.
El conocimiento era la única riqueza que yo deseaba y me di cuenta de cuán fácil y barato era acceder a él: hacía novillos en sevillanas (que costaban una pasta) para ir a la biblioteca (que era gratis), aprendí inglés hablando con los hippies que vendían cuero o pedían por la calle (yo les daba bocadillos y ellos me daban conversación), hablaba con cualquiera que pudiera enseñarme algo y, una vez desquitada del dogmatismo eclesiástico, mi mente era como una esponja que todo lo quería absorber. Aprendí a no juzgar absolutamente a nadie y a ver a las personas que entraban en mi vida como profesores.
Me llamaba la atención cómo buscaba a personas que en nada se parecían a mí. La combinación de contrarios siempre me pareció de lo más interesante y siempre me dieron risa los pares de amiguitas que se vestían como clones, en un ridículo y esperpéntico amago de Barbies en serie.
Amamos a quien tiene algo de lo que nosotros carecemos y, al menos en nuestros primeros y torpes pasos por los senderos del amor, buscamos en los otros los huecos que a nosotros nos faltan.
Mi madre me cuenta que a los seis años me agarré una rabieta espantosa porque mi hermano mayor no me dejaba subir al desván con él y su amigo. No entendí nunca ese rechazo a dejarme estar con ellos, pues nunca les molestaba (o eso creía yo), pero yo estaba perdidamente "enamorada" de Luceno Buenosvinos... jejej, creo que se llamaba así, y que le dije a voces "¡y que sepas que ya no me quiero casar contigo!"... aparte de cumplir años el mismo día, no nos parecíamos absolutamente en nada, pero Luceno sacaba muy buenas notas y dibujaba muy bien. Y desde ese primer amor, los que le siguieron se caracterizaron por una mirada bonita y una vista aguda (yo soy gafotas desde los 14), ser más bien reservados (pa remolino, ya estaba yo), tranquilos, algo ególatras, muy listos, grandes oradores y argumentadores, grandes (a lo alto o a lo ancho, pero grandes), seriotes, tímidos... y bueno, luego fue cambiando mi prototipo de "hombre ideal" conforme iba cambiando yo.
Este fenómeno no se ha dado solo con mis parejas o posibles parejas, sino también en el terreno de la amistad; las relaciones de amistad más duraderas, con las personas más diferentes. Y esto es porque amamos a quien tiene algo de lo que carecemos.
En vez de juzgar, deberíamos aprender. Todo el planeta es una colección de diferencias individuales y presumir que nuestra forma es la más correcta de ver y vivir el mundo es egocéntrico, narcisista y casi siniestro. Nada ha hecho más daño que los falsos modelos perfectos que la sociedad nos mete en el cuerpo como jarabe a golpe de cuchara sin dejarnos respirar. Por eso tanto follón con las bodas y adopciones gays, por eso mi madre lloró cuando mi hermano se casó por lo civil y cuando yo me fui a vivir en pecado con un varón, por eso tanta ocultación, tanta represión y tanta perversión... y por eso se fue al carajo mi "relación" con Gabriel y cambié la dirección de mi blog... una gilipollez porque si tiene dos dedos de frente lo encontrará y por eso se fueron al carajo tantas relaciones de tipos diversos: con mi hermano menor, con Francis, con Sara y Mr. Etcétera... todos ellos convencidos de que su sistema de creencias no sólo era mejor, sino el único. Y cualquier alejamiento de ese patrón se consideraba ignorancia, estupidez o traición llegando a tomarlo como una ofensa a nivel personal y darse el lujo de pedir cuentas; a todos ellos les faltó decir "¿cómo cojones se te ocurre pensar de modo distinto a como pienso yo?". Nadie quiere quedarse fuera de juego o ser tildado como defectuoso y cuando una relación no funciona, por hache o por be, hay que culpar al otro y tacharle, como poco, de estúpido, pasando por ignorante, necio, mujer fácil o traidor.
No hace mucho Shunna me dijo "la cabezonería crea problemas, el orgullo los mantiene". Confieso que por orgullo mantengo la distancia con todos aquellos "maestros" que decidieron convertirse en jueces (y verdugos) de mi pensar, ser, actuar y vivir. Mi delito es saber que ese es sólo su problema y responder a sus provocaciones el fruto de mi inseguridad. Pues "¿qué más dará lo que digan? ¿qué más dará lo que piensen si estoy loco es cosa mía?" (Alex Ubago)

1 Comments:

  • At 7/10/2005 06:33:00 p. m., Blogger BarFly said…

    También arranco de ese paternalismo. por lo general, ese tipo de gente juzga severamente. están mal. quieren imponer su visión como sea, asumiendo que, sin ella, la vida pierde sentido o trascendencia.... ridículo...
    Como dijo el uruguayo Onetti, la vida es todo lo que no puede hacerse en compañía de mujeres fieles y hombres sensatos...

    abrazote....

     

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