CUADERNOS DE TZADE

Cosas que me pasan, cosas que pienso, cosas que digo y cosas que callo

19 noviembre 2005

La gran muralla

Sábado por la mañana. Regreso de un cansado turno de noche. Los trenes, uno tras otro, se hacen esperar. Café calentito en Nuevos Ministerios. La soledad palpitando en mi frente. Mi cuello como una piedra. Sueño, mucho sueño.
La flaca se rasca la cabeza con ese gesto de niña pequeña que nunca perdió; un rallito de luz aún brilla en sus ojos cansaditos de ayer. La flaca cabalga en los trenes que no llevan a ningún lado, sólo por darse el lujo de viajar. ¿Qué estación espera a la flaca con un ramo de rosas amarillas?
En el lenguaje de las flores las rosas amarillas significan "gracias".
Esta mañana a la flaca le bastaría una sola rosa amarilla para lucirla en su pelo la noche del sábado y caminar la noche entre la niebla, planeando sobre las aceras húmedas y heladas y dibujando corazones en la escarcha de los autos, feliz, como un aliento de primavera de esos que en invierno hacen florecer lirios silvestres.
Pero una tos seca y persistente regresa a la flaca a sus pies fríos; mueve la cabeza buscando señales y un cartelito de esos que incitan a la lectura titula sin piedad "la gran muralla" y la flaca se deja dormir sabiendo que al final del trayecto no la esperan las rosas amarillas, ni los abrazos cálidos, ni los croissants recién hechos, ni el mate amargo, ni el paseo matinal entre sonrisas, ni las caricias en el pelo que la duerman.
La flaca no es la mujer perfecta. Ella lo sabe. No pretende hacer ver en absoluto que es la mujer perfecta para nadie. La flaca está en los huesos y no tiene vestiduras de más o alma de menos. Es lo que es. No tiene vuelta de hoja. Y a su modo de amar y ver las cosas no hay más vuelta que dar ni más misterio. No se guarda la brisa en una caja, ni se planta la risa sobre el tedio, ni es lo mismo el amor cuando pretendes invertir y guardar para mañana.

Anoche soñé con Julio. Debe ser porque ayer me lamó para decir que no tenemos nada que decirnos, que se marcha, que rehace su vida en otra parte. Yo le soñé con la última mirada que me tuvo, con ese imposible cargado en sus palabras y sus ojos inyectados de un dolor inventado. Le hablé como él me hablaba. Con su acento y sus expresiones sunameñas y le decía:
"Se puede saber por qué buscás una mujer como yo? ¿Acaso pensás que la inteligencia se contagia? Buscás una mujer que piense por su cuenta siempre y cuando piense exactamente igual a vos y cuando hay desacuerdo te cerrás en banda como un niño chico y no escuchás a nadie y no decis nada.
¿Usted piensa que puede llegar de buenas a primeras a la vida de una y cambiarle toda cuando usted no es capaz de hacer otra cosas que cerrar los oídos y la boca y largarse y rendirse?
El asno del piconero del pueblo tenía más luces que usted. Animal, que sos un animal"
Y entonces me lanzaba sobre él y le golpeaba y le abofeteaba y él comenzó a reírse con la risa burlona de los hijos de puta.
Desperté con angustia, golpeando el brazo del sillón y el cuello torcido. Hay que estar muy cansada para dormirse en esa postura tan surrealista.
Al despertar pensé "Julio es un cabrón" y de pronto parecía todo mucho más claro.
Ahora estoy tranquila. Todo pasó muy rápido. Demasiadas cosas en muy poco tiempo. A menudo parece que pasaron los meses. Queda una parada. Sé que Julio no me espera... y me da lo mismo.

2 Comments:

  • At 11/21/2005 09:04:00 a. m., Anonymous gabriel said…

    Dicen los neurólogos que el ser humano adopta fácilmente nuevas propuestas lógicas, pero que no acepta con la misma facilidad el olvido y el desprendimiento en cuestiones de naturaleza afectiva.

    Persisten por más tiempo.

    Es cierto...

    Besos.

     
  • At 12/24/2005 05:25:00 p. m., Blogger Maurice said…

    TU ESCRITO ME RESULTO AGRADABLE ...EN ESTAS HORAS DE LA MAÑANA

     

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