CUADERNOS DE TZADE

Cosas que me pasan, cosas que pienso, cosas que digo y cosas que callo

14 noviembre 2005

Soy bígama

No pude inventar mejor momento ni mejores razones para hundir mis pies en el eco de una leyenda y dejarme perder de la mano de un hombre que no necesita otro nombre que el suyo propio y que no necesita un pacto de fidelidad, ni una palabra que nos defina, ni una promesa de futuro si no es la del segundo siguiente. Alguien que me salva tal vez por el simple hecho de no intentar salvarme desde su púlpito de hombre poderoso y prudente ni me mira solemne como a una princesita desvalida a la que salvar de un destino infame.
Convertimos lo extraordinario en cotidiano y habitamos el tiempo en un espacio que no nos perteneces, como si no existieran los paréntesis ni nuestra otra vida, esa otra más larga , que acaso sólo existe para contarla cuando el silencio sobra o cuando, simplemente, no s apetece escucharnos y casi da igual lo que digamos.
Antes del encuentro suelo planear fantasías que se quedan en una promesa o son simples argumentos cuando mis dedos hormiguean su recuerdo y le obedecen ciegamente haciéndome gozar como él lo haría.
De pronto nuestros cuerpos responden a la promesa olvidada de algo pendiente y se entrelazan y enloquecen sin darse más tregua que la que prolonga el deseo; arde mi boca impaciente de devorarle por completo y bajo mi vientre se cre4ce el deseo con su gozo y el concierto de gritos contenidos, gemidos de placer y respiraciones agitadas inunda el lugar en el que estamos y todo da lo mismo. Nos reímos del tiempo y no hay nada ni nadie más que nosotros. O bien nos gobierna la ternura y nos enlazamos en silencio como si no hubiera más que decir o como si las palabras no fueran suficientes para decirlo todo.
Tejemos nuestra propia manta con el hilo de encuentros fugaces y gozamos debajo de ella como dos salvajes o como dos niños sin dejar que nada ni nadie nos robe el derecho a mezclar nuestros olores.
De afuera es difícil de comprender y es por eso que me ha costado enfados y desencuentros. Tampoco necesito que nadie lo comprenda. Basta con que nosotros lo entendamos. Un hombre al que veo tres o cuatro días cada tres o cuatro meses y, sin embargo, no encuentro mejor compañía si hubiera de irme a morir junto al mar.
Aprendes que la vida pasa demasiado deprisa y que uno se la pasa buscando cuerdas, atando nudos, desatando nudos y colgándose de esa misma cuerda por un tiempo indefinido. Entiendes que no entiendes nada, que las cadenas te dan miedo y que los prepotentes te dan asco. Te bebes la vida sin pensar y luego te lo piensas y te dejas la piel en un mano a mano con las supuestas señales del destino.
Honey es un buen amante porque sabe esperar, porque busca, porque es curioso como un adolescente inquieto, porque habita en la vida como si se le fuera a terminar mañana. Pero sobre todas las cosas, lo que le hace el mejor amante del mundo es algo mío: confío en él.
Es eso, realmente es lo que le convierte en mágico, lo que hace que valga la pena esperarle y mandar a tomar por el culo a los celosos. Confío. Puede atarme, vendarme los ojos, ponerme las manos en el cuello y la almohada en la cara y podría pasar la prueba de fuego que nadie pasó hasta ahora: dejarme caer en sus brazos sin mirar hacia atrás.
No sé por qué me acabo de dar cuenta. Tal vez porque se marchó y sé que va a volver y no me ando preguntando si está enfadado, si se aburre, si está desencantado... no me hago preguntas, ni le espero tampoco. Hago mi vida, lo que me apetece en este momento, sin prisa, sin temores...

Y abrazada a su pecho, en una de estas de charlas interminables fue que le dije "soy bígama" y es así porque desde que le conocí siempre le amé a él y a alguien más. Siempre es él y alguien más. Los demás se suceden y él permanece. Hoy de nuevo estoy enamorada de él y de alguien más, con dos y con ninguno. Extrañando a los dos, lejos de los dos. El destino siempre la juega de tal modo que cuando Juanjo llega, alguien acaba de marcharse. Hoy de nuevo busqué por un instante la silueta de Julio; quise y quiero decirle cuánto echo de menos su boca en mi oído, su abrazo, su ternura, su voz y su mirada... y echo de menos a Juanjo, que se marchó hace unas horas, cargado de besos y de promesas por cumplir, de esas que nunca dice, pero cumple... no como quien se harta de prometer y luego olvida.
Hoy me agarré un pedo tremendo; aun lo llevo agarrado; a una le da sed y el vaso de martini parece un vaso de agua. Con el pedo a cuestas fui a la casa de Julio. Sentí el deseo de despedirme. Con mi bigamia recién asumida, el estómago vacío, el frío de estas horas que obligan a llevar el abrigo puesto en casa y el pedo que me obliga a repetir una de cada tres palabras de las que escribo envié un mensaje a Julio "Gracias por todo lo que me has dado, suerte... " no sé qué más. No espero respuesta pero al enviarlo he sentido algo similar a lo que siento cuando le veo detrás del mostrador. Todo ha terminado. Hay que dormir la mona.

2 Comments:

  • At 11/14/2005 12:46:00 p. m., Anonymous Gabriel said…

    Lo importante es que la persona con quien llegues a formar "pareja oficial" (por llamar de algún modo) acepte consciente esta bigamia.
    Por lo que expresas, Juanjo es sin duda la persona que mejor parece entender y aceptar esta particularidad.
    Ten presente, en ese caso, que el también puede encontrar alguien distinto a ti que pueda "secuestrar sus sentimientos" (es decir alejarle de ti) si él no es "bigamo" como tu.
    Te quedarías sola en esa situación.
    Cuídate.
    Besos

     
  • At 11/14/2005 02:29:00 p. m., Anonymous Gabriel said…

    De cualquier modo siendo que no has establecido un compromiso con nadie en concreto, ni siquiera debería hablarse de "bigamia"...

    Ni tampoco podría hablarse de "adulterio".

    Para que exista "bigamia" o "adulterio" alguien debiera tener primariamente algún tipo de "exclusividad" afectiva y/o sexual contigo que se vería alterada por la presencia de una tercera persona.

    E interpreto que esa "exclusividad" no la tiene nadie en estos momentos en la relación afectivo/sexual contigo.

    Para ser más concretos, ni Juanjo podría reclamar nada en este sentido porque carece de "exclusividad" tanto afectiva como sexual.

    ¡¡Por tanto no hay bigamia, o sea que no eres bígama ni adúltera!!

    Serás "otra cosa"... pero no serás ni "bígama" ni "adúltera", técnicamente hablando... ;)

    Besos.

     

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