CUADERNOS DE TZADE

Cosas que me pasan, cosas que pienso, cosas que digo y cosas que callo

10 diciembre 2005

Los locos del tren

Las estaciones y los trenes traen, llevan y encuentran a miles de locos. Están los locos de todos los días, los que no paran de mirar el reloj, hablar por el móvil y vete a saber cuánto hacen que no miran el cielo; también están los locos que no pueden parar de mirarlo,
locos callados, locos parlantes,
locos que van hacia todos los lados,
locos que no van a ninguna parte,
los locos de siempre
los locos de antes
locos que miran de frente
y locos sin dientes
que ríen mordientes
la mirada supuestamente cuerda
de todas las gentes.

Yo hablo de esos locos que los normales miran con crueldad, cinismo, susto, curiosidad o desprecio. Esos que se dirigen al primero que los mira y no paran de hablar si les respondes. Que pueden ser borrachos, colgados, o mentes que un día se desperdigaron por las vías y vagan entre los grises sin confundirse jamás con ellos.
Hoy he hecho dos viajes en tren y en ambos vagones había un loco.
El primero era un hombre de unos cuarenta mal cumplidos, sucias botas marrones de risa abierta y calcetines cortos que mostraban una pierna blanca y seca, como un hueso de jamón aprovechado; pantalón desgarbado y una chaqueta que allá por los ochenta se llevaba mucho, de esas deportivas con unas rayas horizontales a la altura de los hombros, rostro chupado por el hambre, el tiempo y la ambición de vivir a toda prisa. Movía la boca como malbesando el aire viciado, esputaba y tragaba sus esputos, provocando en todos los demás una expresión de asco al unísono, como ensayada, él esputaba y los demás movíamos a un tiempo la cabeza a un lado, cerrando los ojos, arqueando los labios y tragando saliva. Llamaba por su móvil, alguien respondía y entonces el colgaba... se escuchaba perfectamente el "digame" repetido de una mujer primero, de un hombre después. Habló de marcas de armas y de balas, de licencia de armas cortas y de cómo penetran en el cuerpo unas y otras... luego se marchó y no regresó.
En el segundo vagón, un hombre extranjero miraba buscando miradas que se mantuvieran ... encontró la mía... siempre me pasa. Me dijo "no te comas las uñas, que luego te duele la cabeza y te vuelves loca... yo lo sé" Y empezó a reirse. Mantenía un cigarrillo apagado en su boca, me miraba y se reía y hablaba a veces en español, a veces en vete a saber qué, a veces en un lenguaje entendible pero incomprensible para los "normales". "Te estás rompiendo, yo lo sé". Deseé llegar a mi destino con todas mis ganas. No paró de mirarme mientras bajaba a duras penas mi pesada maleta y al caer al suelo estalló una pieza de la base de la maleta y el loco no paraba de reir... el tren se alejó con el loco mirándome y riendo ... y era una risa cruel cargada de amargura y de un saber que yo no me sabía. Creo que eso es lo que nos da miedo de los locos: lo que saben; esa verdad que tiñe de amargura las neuronas, esa sabiduría de lo insoportable.
Con su risa clavada en mi recuerdo, paré en una tetería tranquila donde esperaba tomar un café a solas, libre de miradas que te lleven en volandas al catre y libre de la risa de los locos. Al otro lado de la barra, un medio loco miraba buscando una mirada que no se apartara de la suya. Y caí de nuevo. Se acercó a mí, me habló de Dios, que tiene un problema con la bebida desde hace nueve años y que ya no bebe porque hace deporte y va a misa, que está pendiente de un juicio que le llevará a la cárcel, que soy muy guapa y que si podía pasar la noche conmigo... al final loco y salido. Los locos del tren también van a los bares.

3 Comments:

  • At 12/12/2005 10:24:00 a. m., Anonymous Gabriel said…

    ¿Has pensado que piensan de tí esos locos cuando te miran, te escrutan e intercambian sus palabras confusas contigo?.
    ¿Has pensado que hace que les "veas"?.
    Todos tememos a la locura y sabemos cuando estamos cerca de ella...
    Cuídate.
    Besos
    Gabriel

     
  • At 12/12/2005 07:51:00 p. m., Blogger koffee said…

    Me ocurre algo parecido. Bajo la mirada, despisto el semblante pero acabo convirtiéndome en la diana de sus dardos. Saben más de lo que dicen de todos nosotros.

     
  • At 12/16/2005 07:42:00 p. m., Blogger gallardo said…

    Has dicho casi todas las verdades acerca de esos locos que deambula sueltos por el mundo. Y concuerdo contigo en que lo que realmente aterra de los locos es lo que saben, y que seguramente nosotros ignoramos, ya sea por seguridad o por pura ignorancia. Pero en esas miradas cargadas de nosabemos que clase de conocimiento duro de la vida es donde descubrimos el horror de arrancar de la realidad.
    Con seguridad no queremos enfrentar esa sabiduria de la caída y el vértigo.
    Sigues siendo mi favorita... lejos.
    Besos

     

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