CUADERNOS DE TZADE

Cosas que me pasan, cosas que pienso, cosas que digo y cosas que callo

26 diciembre 2005

¡Taxi!

Los taxistas suelen decir que los clientes les cuentan su vida. Pero a mí los taxistas me cuentan la suya... y encima me cobran los muy hijos de puta. Ellos, que me cobran por su tiempo más de lo que yo les cobraría por el mío... deberían dejarme la carrera gratis. El de hoy cumple 65 años el 30 de enero, se jubila, lleva 40 años casado, tiene dos hijas y cuatro nietas, dos de cada hija y una finca en Villaconejos en la que tiene un huerto y rosales, la pasión de su mujer que tiene una rodilla mala y necesita muletas para caminar. Su mujer era huérfana y él no tenía padre porque murió cuando era chico, su madre trabajaba todo el día. Él y su mujer se conocían desde chicos y se casaron a la edad de 26 años. El hombre venderá su licencia de taxi y dejará descansar por un año la tierra de su huerto. Llevará a su mujer a Canarias 10 días para que se monte en un avión y la llevará a Benidorm, la ayudará con la compra para que su rodilla no se resienta y disfrutará en verano de sus hijas y de sus nietas. Ama a su esposa. Habla de lla con una dulzura tal que no puedo evitar emocionarme, habla con dolor de su rodilla y con ternura de su pasión por las rosas. Sin quererlo tal vez, el buen hombre ha hecho balance de su vida al completo y ha llegado a la conclusión de que está satisfecho y se siente realizado.
Luego me ha preguntado por mi estado civil y le ha extrañado "pues usted es una mujer joven y muy hermosa y cualquiera se da cuenta de que además es buena" y ha pasado sin más preámbulos a su peculiar receta salvadora: "salga usted a las discotecas con una buena amiga y busque a un hombre que la quiera y la cuide cuando esté enferma y le de muchos mimos. Estar sola es muy triste"
Es cierto. La soledad es triste. Últimamente me esfuerzo por acostumbrarme a la anchura de la cama, pues el sofá me estaba haciendo trizas la espalda. También me esfuerzo por no venderme a poco cuando me nace el deseo de dentro afuera y siento que soy capaz de rendirme a los brazos de cualquiera, como ayer. Entonces me quedo en casa, a solas con mis fantasías y mis dedos, hasta que el sueño vence al deseo y dejo descansar mi mano sobre mi vientre, impregnada de gozos solitarios y vacío.
Me visto de negro, con botas de tacón, faldas cortas y blusas estrechas. Seda, licra, cuero y terciopelo. Me aliso el cabello, que ya crece ajeno a mi promesa incumplida de no tener sexo mientras fuera corto. Crece sano, fuerte, brillante. 52.300 Kg, 1.69, 95 de sujetador, talla 36. Bajo las escaleras del portal y contemplo mi figura esbelta, mi rostro serio, mi gesto exigente. Me gusta lo que veo y me gusta que me guste. Con Jorge me sentía insegura, me veía fea, poco atractiva, incapaz de gustar a nadie. Su indiferencia me aplastaba y me dejaba plana como una sombra. Dependemos de la imagen que tiene de nosotros quien amamos, sin darnos cuenta, pero ocurre y cuando ese otro ser dispone de un poder semejante le cedemos todo: nuestra autoimagen, nuestra valía, nuestro concepto de "yo" se lo dejamos a "tú" cuando ya no existe "nosotros" y nos fundimos en una entidad imaginaria o desaparecida bajo la rutina y el tiempo. Cuando nos desvanecemos en otro corremos el riesgo de no encontrarnos cuando el otro ya no nos busca. A él le gusta llamarlo "dependencia" y cuando lo hace suelo pensar que se lo tiene muy creído. Ambas cosas son ciertas.
Ahora no dependo de nadie para saber qué soy, quién soy. Sé que no es sencillo estar conmigo. Y por eso cada día tengo más asumido que mis amores tendrán siempre el encanto de las novelas cortas.
El abandono me da miedo. Lo viví con tanto dolor que no creo que pudiera soportarlo de nuevo. Amar significa correr el riesgo. Amé y perdí. Y creo que ya no es posible. No hablo desde un corazón recién herido, sino desde la sabiduría de haber saltado de puntillas al borde de la locura y saberme tan frágil como el cristal cuando el amor me toca. Ese dolor no tiene medida.
Como el taxista, yo también hago balance a fin de año y me doy cuenta de que los últimos 16 meses me ha movido el dolor del abandono, el dolor de la cama vacía y un cubierto en la mesa, el dolor de los chasquidos en la oscuridad, el dolor del hígado inflamado, el dolor de los músculos tensos, el dolor del estómago vacío, el dolor del amor que se muere y el dolor del niño abandonado. No es bueno que el dolor nos mueva... ya he visto que ese movimiento no nos lleva a ningún sitio.

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