CUADERNOS DE TZADE

Cosas que me pasan, cosas que pienso, cosas que digo y cosas que callo

03 agosto 2008

El placer de las pequeñas cosas

Ayer me lamentaba con Shunna de lo difícil que me resulta tomarme un par de horas de relax, tomar unas cervezas en una terraza, charlar con alguien sin mirar el reloj constantemente... Es un lujo que no me permito más de dos veces al mes.
Ayer prometía ser una noche más de estrés, de niño que no se duerme y que no está contento con nada porque tiene sueño pero no se quiere dormir.
Pero la noche me regaló algo muy distinto. Tuvimos visita. Ángel tardó en dormirse pero cuando lo hizo cayó del todo y nos permitió salir un rato al balcón, con un buen vino y un buen queso y un buen paté... no hacía calor, se estaba a gusto. Charlamos de todo un poco, hablamos de lo humano y lo divino y hasta de lo demoníaco, fumamos cigarrillos de lujo, cogimos ese puntillo graciosete que no llega a convertirme en una madre irresponsable y nos dieron las tantas de la mañana viendo las estrellas. Gocé del inmenso placer de escuchar y ser escuchada, de reírme y de hacer reír, de recordar viejos tiempos como si fueran más viejos todavía y reírnos de aquello que un día nos preocupó y concluir que es típico pero cierto eso de que el tiempo todo lo cura y nos hace ver la vida de otra manera. También concluímos que vino, queso y paté son grandes amigos y que nunca deberían separarse.
Cuando se marchó nos despedimos con un abrazo y desde el balcón pude ver cómo se alejaba y saboreé su presencia igual que saboreo el último trago de vino.
Y es que no es lo mismo dormir poco por no poder que dormir poco porque tienes que hacer algo mejor que dormir.
Hoy me he levantado despejada y llena de energía. No me ha dolido fregar los platos de la cena de anoche, ni levantarme temprano a pesar de trasnochar; ni me ha dolido empezar a trabajar cuando he acabado con mi papel de maruja.
Ahora el niño está jugando con el abuelo y yo sigo disfrutando de pequeños lujos, como este ventilador que me salva de morir cocida, una bebida dulce y el gustazo de empezar a cogerle el tranquillo a un trabajo complicado, que nadie me dice cómo he de hacer o cómo debo plantear. Disfrutando del placer de aprender y trabajar al mismo tiempo; algo que sería muy difícil experimentar en un puesto de teleoperadora.
Algo tan simple como unas horas charlando en el balcón, una vela encendida, algo rico... toda una receta para mantener el equilibrio emocional.

4 Comments:

  • At 8/03/2008 10:58:00 p. m., Anonymous Anónimo said…

    La vida es algo mas, pero como dice no se quien… mas vale agarrarse a un hierro ardiendo que a ciento volando o algo así, hay momentos que se han de compartir y disfrutar de la vida que tan solo se vive una vez y ser feliz

    Te quiero
    Un abrazo
    Tu amante nocturno

     
  • At 8/04/2008 01:10:00 a. m., Blogger Tzade said…

    No tengo amantes; ni diurnos ni nocturnos. Salvando ese detalle, llevas razón en eso de que la vida sólo se vive una vez. No soy mujer de agarrarse a clavos ardiendo y de momento no necesito hacerlo y... por otro lado, me encanta ver volar a los pájaros.

     
  • At 8/04/2008 08:19:00 a. m., Anonymous Anónimo said…

    Cómo echo de menos una noche de esas contigo. Espero que, en septiembre, cuando se haya vaciado la casa del paraiso, podamos pasar un fin de semana juntas, dándole al pico y viendo volar pájaros, o agarrándonos a clavos ardiendo, que también es una diversión muy sana esa de quemarse las manos por gusto.
    Por cierto, acabo de leer una definición de los psicólogos dada por un niño de unos tres o cuatro años y me he acordado de ti. La cosa dice así: "El psicólogo es un doctor que no te pone el termómetro. Te habla mientras te venda la cabeza."
    Ya sabes, cielo, la próxima vez que vaya a verte con alguna pena, me das cháchara mientras me pones tiritas en la frente. A lo mejor no solucionamos nada, pero nos íbamos a reir muchísimo.
    Te quiere
    Shunna

     
  • At 8/05/2008 02:56:00 a. m., Blogger Tzade said…

    ¿Recuerdas aquella noche donde tú y yo, derrumbadas por amores imposibles,llorábamos de pena y de risa al mismo tiempo, sentadas en las escaleras del trabajo de tu madre?
    Tenemos el don de acabar riendo cuando nos juntamos a llorar.
    besos.

     

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